Sabado, 24 de Octubre de 2020

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Cine de ficheras

Por: Esteban Cortés Sánchez
Compositor de música para cine y director de ensambles. Imparte cursos de composición y producción musical en la UASLP
lecscorp.com

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En todas las familias hay un pariente incómodo y el cine mexicano no es la excepción. El cine de ficheras fue la continuación natural del de rumberas, ese que vio nacer a personajes tan emblemáticos como Tongolele o Ninone Sevilla, sin embargo, inesperadamente se convirtió en una tormenta perfecta que, aun hoy, hace sentir sus efectos no sólo a nivel económico, sino social.

Se le llama “de ficheras” porque, en un principio, las historias se desenvolvían en los cabarets de las grandes ciudades, donde las mujeres acompañaban a los hombres y los dueños les daban fichas que, al final de la noche, cambiarían por dinero –de ahí su apodo–. Se toma como primera película del género a Bellas de Noche (1975). Las tramas usualmente se desarrollaban dentro de los tugurios de las grandes urbes y seguían la tendencia que dejó la época de oro: el hombre de bajos recursos como héroe recurrente. Su mayor cambio fue la influencia que recibió de Italia y consistió en una alta carga de sexualidad (más sensualidad y erotismo) en los roles femeninos. Personajes –mujeres– que no veían problema en ser sexualizados se convirtieron en una constante, pero en servicio de la narrativa.

Hay que hacer una diferenciación: este género nace hacia la segunda mitad de la década de los 70, pero se hizo costumbre llamar también así a la sexicomedia, que se comenzó a ver en las salas a mediados de los 80 y hasta entrados los 90 y es precisamente en este punto donde se pone interesante el asunto.

Si bien era un producto con alto contenido sexual, al menos, de alguna u otra manera, se buscaba cierta calidad artística. Durante el sexenio de Luis Echeverría se apoyó la industria cinematográfica (siempre con sus bemoles), esto llegó a su fin con la entrada de José López Portillo a la silla presidencial. Con la excusa de la deuda externa y de querer regresar al cine a su época de oro, se deshizo todo lo logrado (tal vez porque mediante el séptimo arte se comenzaron a tocar temas sensibles no muy del agrado de los poderes fácticos), lo que desembocó en una industria acaparada por unos cuantos que buscaron grandes ganancias a muy bajos costos. Este es un muy buen ejemplo del “si es bonito y barato, no será bueno”. El cine de ficheras mutó a sexicomedia. Si había alguna diferencia, pocos la veían.

Durante más de una década los proyectos nacionales se caracterizaron por retratar historias donde reinaba el albur, el héroe era “el que todas las podía” y todo esto acompañado de muchas mujeres con poca ropa. Si bien hubo películas que para nada pueden ser representadas por esta descripción, son pocas, y sus creadores tuvieron que buscar nuevos horizontes en los cuales exponer su arte. El daño estaba hecho. El cine mexicano era sinónimo de baja o nula calidad.

Nuestro cine se volvió un cubil de clichés que fue ejemplo al mundo de “cómo éramos” los mexicanos. Incluso el sentido del humor se vio influenciado de manera cíclica, pues se retroalimentaba de una parte de la sociedad que pagaba por ver historias que eran simple y sencillamente demasiado absurdas para existir y, sin embargo, existían.

Ya entrados los años 90 se acuñó la frase “nuevo cine mexicano” en un intento de deslindarse del “antiguo”. ¿Tuvo éxito? Artísticamente hubo y hay mucho que rescatar, desafortunadamente a nivel industria queda mucho por hacer. México es un país que sigue dependiendo de becas e incentivos gubernamentales para que su industria cinematográfica pueda subsistir, aunque, siendo objetivos, eso es en casi todas partes del mundo, exceptuando, por supuesto, al vecino del norte. La época de oro fue la convergencia de varios sucesos y el gran bache también. Actualmente, el cine mexicano sigue siendo, para muchos, sinónimo de poca calidad, a casi 25 años de que ese género se dejó de producir. “Crea fama y échate a dormir” es otro dicho que aquí podemos emplear y poner de ejemplo –desafortunado– de cómo no se supo ver una perfecta área de oportunidad.