Viernes, 22 de Noviembre de 2019
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STRATEGIAS

Diferencias entre táctica y estrategia

Por: DEH. Julen Robledo Garcés
Doctor en Investigaciones Humanísticas por la Universidad de Oviedo, España; docente en la Universidad de La Salle Bajío
julenrg7@gmail.com%20

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“Planifique sus acciones de principio a fin” es el imperativo que vertebra la ley número 29 de la obra Las 48 leyes del poder, de Robert Greene. Una sentencia que nos aporta valiosas claves para comprender la superioridad de la estrategia frente a la táctica, de cara a la consecución de nuestras metas profesionales.

A pesar de que tienen en común que ambas son un conjunto de decisiones que se ponen en práctica para conseguir un objetivo determinado, existen grandes diferencias entre ellas:

Por un lado, la estrategia es la suma de decisiones que se toman con anterioridad a la acción, antes de luchar por un objetivo determinado. Esto significa que existe planeación previa. Por otro lado, la táctica son todas aquellas medidas que se realizan justo en el momento de actuar, cuando ya estamos peleando por nuestro objetivo.

Pongamos un ejemplo para ilustrar: somos entrenadores de fútbol y en dos semanas nuestro equipo jugará la final de la Champions League. La estrategia consistirá en todas aquellas decisiones que se tomen (análisis del estado de nuestros jugadores, estudio de las fortalezas y debilidades del rival, jugadas a balón parado) antes de los 90 minutos que durará el partido. Sin embargo, supongamos que en el minuto 2 expulsan a nuestro mejor delantero y no disponemos de un plan para solucionar esta situación, pues bien, los cambios inmediatos e improvisados para reajustar el equipo (sustituciones, modificación de posición de jugadores, mentalidad más defensiva) formarán parte de la táctica.

Si analizamos el ejemplo y lo trasladamos al terreno del emprendimiento empresarial o político, la estrategia presenta grandes ventajas con respecto a la táctica. En primer lugar, elaborar soluciones con antelación nos aportará mayor certidumbre y seguridad, tendremos la confianza de que todas las posibilidades futuras están bajo nuestro control. En segundo lugar, dado que la estrategia se elabora antes de que ocurra el momento concluyente de la acción, será más fácil dejar de lado la impulsividad para pensar desde un estado mental basado en la serenidad y la razón. Por ello, tenderá, en general, a proporcionar una mayor capacidad de acierto en la toma de decisiones.

Sin embargo, en los procesos tácticos las decisiones pueden volverse contraproducentes. Primero, el estrés y la agitación emocional (ira, frustración, alegría repentina, tristeza, sorpresa, nervios) mermarán la efectividad de nuestra razón y, segundo, la necesidad de realizar movimientos desde la urgencia y la improvisación no harán otra cosa que aumentar las probabilidades de cometer errores.

Por lo tanto, con base en lo analizado, podemos establecer el siguiente principio del emprendedor: a medida que aumenta la estrategia y disminuye la táctica, se produce un incremento de las probabilidades futuras de éxito.

Ahora bien, ¿cómo podemos hacerlo? La respuesta es sencilla: aumentando los niveles de información, porque cuanta más información tengamos acerca del presente (sobre nuestras capacidades, las carencias de la competencia, los avatares políticos, ideológicos o económicos de nuestro entorno) mayor será la capacidad para reconstruir las situaciones problemáticas venideras y, en consecuencia, elaborar por anticipado un plan estratégico de soluciones para todas ellas.

En conclusión, es cierto que no se pueden tener todos los acontecimientos bajo control, pero siempre se perderá más por improvisar (desde la táctica) que por procurar planear y prever el futuro de nuestro negocio desde la estrategia. Dicho todo esto, ¿cuál es tu estrategia como emprendedor?