Domingo, 25 de Agosto de 2019
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PANORAMA POLÍTICO

Doctora fifí

Por: Guadalupe Loaeza
Agencia Reforma / Autora de varios libros. Conductora de televisión y radio, articulista en diversos diarios y revistas de circulación nacional.
@gloaeza

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Así como Carlos Monsiváis creó su columna El consultorio de la Doctora Ilustración (1974 a 1984, suplemento “La Cultura en México”, revista Siempre!), en la cual el autor toma los arquetipos de la vida cultural y política mexicana para retratarlos con ironía y humor; siguiendo esa idea hoy les presento a la doctora Fifí de la Huerta, especialista en imagología (el saber teórico necesario para crear, desarrollar y mantener una imagen pública). En su novela La Inmortalidad, Milán Kundera dice que el hombre es más que su imagen: "Nunca sabremos por qué irritamos a la gente, qué es lo que nos hace simpáticos, qué es lo que nos hace ridículos, nuestra propia imagen es nuestro mayor misterio".

Para la doctora Fifí, autora del Manual Para la Gente Bien tomo 1 y 2, el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, es un verdadero misterio lleno de contradicciones y cero autocrítico. Por más que lo ha seguido, desde hace años, en su trayectoria política, por más que ha escuchado sus discursos y por más que no pierde sus declaraciones en sus conferencias matutinas, para la especialista en imagen, López Obrador es un ser muy enigmático. ¿Por qué dice lo que dice, por qué decide lo que decide, por qué viaja en un vehículo austero, por qué ha cambiado de peinado, por qué la mayoría de sus corbatas son rojas y por qué recurre a expresiones totalmente fuera de lugar para un jefe de Estado de un país tan importante como es México?

—¿Necesitamos los mexicanos una figura paternal como presidente?

—Lo que necesitamos los mexicanos es tener madre; es decir, quitarnos la idea masculina del poder como si fuera el tata de una gran familia. Respecto a sus expresiones coloquiales y a sus deslindes de personajes, la más cursi y ridícula que le he escuchado es haber llamado "ternuritas" a los integrantes de un supuesto grupo de contrapeso: (Primero) tienen que formar cuadros y no sacar la nota de "ya se reunieron tantos y van a hacer contrapeso", eso es muy ficticio, es como para decirles "ternuritas", dijo en una de sus mañaneras.

—¿Por qué recurre a ese tipo de expresiones?, le preguntamos a la doctora Fifí.

—A mi manera de ver es un problema generacional, falta de vocabulario, ignorancia y me temo que López Obrador no es un lector voraz. Decir "ternuritas" significa soberbia, es menospreciar al otro, considerarlos niños. Son expresiones que se escuchaban en las películas de Cantinflas o de Resortes: "me canso, ganso"; "Ricky, riquín, canallín"; "todos están aquí contra mí echándome montón"; "autos machucones"; "prensa fifí", etcétera, etcétera. Es cierto que estas expresiones lo hacen aún más popular entre los millones de seguidores, pero no hay duda de que irritan y lo alejan de los empresarios, intelectuales y académicos. En realidad, quien causa ternura es el presidente de la República, porque se presenta como anacrónico. Es obvio que los jóvenes o los millennials no han de entender este tipo de expresiones. Sin embargo, muchos de ellos lo llaman Cabecita de algodón, con cierta ternura. Por otro lado, pensamos que los “ternuritas" son los pobres secretarios de Estado, que se tienen que levantar a las cinco de la mañana para asistir a las ruedas de prensa de su jefe. La verdad es que dan ternura con sus abrigos, pasados de moda, sus viejas bufandas y sus ojeras.

—¿Cómo se explica, entonces, doctora Fifí, la popularidad de López Obrador? En estos momentos roza el 90% después de la explosión en Tlahuelilpan.

—Por su carisma, su lucha contra la corrupción y su cercanía con el pueblo. Todo el mundo está a la expectativa de lo que va a decir en las mañaneras. Sus declaraciones, por lo general, provocan mucha polémica que se convierte en los temas de conversación de las sobremesas. Ahora todo el mundo habla de política y opina gracias a las declaraciones con un lenguaje tan cotidiano de López Obrador. Nos guste o no nos guste, hablamos de él.

—¿Acabaremos hablando todos como él o nos cansaremos de su estilo?

—Yo le podría contestar: "is barniz", "ya rugiste" o "Simón". Los que se resistirán a seguir su estilo, es decir, los neoliberales snobs dirán cosas como: "lástima que tengamos un presidente que habla como caballerango"; "el señor López es un presidente populachero" y "tenemos un presidente de quinta que se expresa como pulquero".

Nos despedimos de la doctora Fifí más confundidos que cuando empezamos la entrevista.