Miércoles, 14 de Abril de 2021

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SALUD

El vapeo, yo vapeo, tú vapeas…

Por: MSP. María Jocelyn Bravo Ruvalcaba
Médica egresada de la UASLP; maestra en Salud Pública por la Escuela de Salud Pública de México, del INSP
@Ma_joshyta

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Decía Oscar Wilde que “un cigarro es el perfecto ejemplo del placer perfecto. Siempre te deja insatisfecho”, este y otros ejemplos, señala el maestro Luis Miguel Aguilar, muestran cómo el fumar, el cigarro y el tabaco están íntimamente presentes en la literatura, yo agregaría en toda la cultura y un sinfín de actividades, forma parte de nuestra vida y hasta de la muerte.

Una de las principales causas de defunción en el mundo es el cáncer, y dentro de los cinco tipos principales está el de pulmón, pero no es el único ocasionado por el humo del tabaco; con más de mil sustancias, de entre las cuales se han identificado 70 cancerígenas, otros órganos –estómago, páncreas, colon, hígado, riñones, útero– también pueden resultar afectados. Además de que los daños no sólo son para quien fuma, sino para todas aquellas personas expuestas al humo.

Grandes han sido los esfuerzos en materia de salud pública por mitigar sus efectos, pero la dependencia a la nicotina, las convenciones sociales e inclusive los intereses económicos han favorecido el desarrollo de productos y dispositivos para un consumo “seguro” y ayudar a las personas a dejar de fumar. Existen actualmente productos sin humo como el tabaco en polvo (rapé), que de igual forma contiene compuestos nocivos –denominados nitrosaminas– o los cigarrillos electrónicos (e-cigarettes), vapeadores, narguiles electrónicos o e-hookahs, plumas de vapor, sistemas de tanque, mods y sistemas electrónicos de suministro de nicotina (ENDS, por sus siglas en inglés).

Los cigarros electrónicos funcionan al calentar líquidos que generan aerosoles (confundidos con vapor de agua) que al ser inhalados introducen al cuerpo sustancias, como nicotina o marihuana; con frecuencia los cartuchos incluyen otros compuestos como saborizantes, aceites, vitamina E, escancias y metales pesados (níquel, estaño y plomo).

El “vaping o vapeo”, es decir, el uso de cigarrillos electrónicos, se ha incrementado en los últimos años sobre todo en gente joven, se estima más de 5 millones en Estados Unidos de América lo realizan; esto ha sido, en parte, porque se ha popularizado como una alternativa “sana” para dejar de fumar, no suele dejar olores desagradables, como el cigarro convencional, y se considera que, a la larga, es más económico, o lo usan por moda.

Durante 2019 el tema del vapeo tomó gran relevancia, y creció el debate entre quienes lo consideran inocuo y quienes no, por un brote de lo que se denominó lesiones pulmonares asociadas al uso de cigarrillos electrónicos o vapeo (EVALI, por sus siglas en inglés), reportando los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA, por sus siglas en ingés) 2,807 casos y 68 defunciones, de marzo de 2019 a febrero de 2020.

Unos de los grandes problemas es que muchos de ellos no están regulados y tampoco han sido aprobados por organismos internacionales como coadyuvantes para dejar de fumar. Además de la nicotina, que tiene efectos adversos en las mujeres embarazadas y sus bebés, aun cuando los proveedores señalen que son seguros, se han identificado sustancias como diacetilo, 2-3 butanodiona acetaldehído y dihidroxiacetona, que ocasionan daño pulmonar e incrementan el riesgo de cáncer. Al igual que con el humo del tabaco, los aerosoles que se producen por el vapeo no solamente son inhalados por quienes utilizan los cigarrillos electrónicos, sino por la gente que se encuentra alrededor. También se pueden presentar otro tipo de lesiones, como quemaduras, por explosiones al cargar las baterías, o intoxicaciones, al tragar o inhalar el líquido.

En México, por decreto presidencial en febrero de este año, se prohibió su importación, empero aún quedan grandes retos en materia normativa para su regulación. Por otra parte, aunque no hay evidencia concluyente de la relación entre el cigarro electrónico y el COVID-19, ambos afectan las vías respiratorias y su uso, al colocarse en la boca sin la adecuada higiene, podría incrementar los contagios.

Por ello, si no fuma ni consume tabaco o vapea, ¡no comience!; si fuma, consume tabaco o vapea, ¡deje de hacerlo!