Lunes, 16 de Setiembre de 2019
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CIENCIA Y TECNOLOGÍA

¿Errores de diseño? La no tan perfecta evolución humana

Por: LCC. Gabriel Moreno Rodríguez
Productor, académico en el ITESM, Director de Noticias en One Click Medios. Analista en temas de tecnología y Ceo.
@gabofanfare

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Se escucha muy seguido que los humanos, como especie, “somos la creación perfecta”, y los órganos, ligamentos, huesos y cada átomo que nos compone fueron diseñados con una precisión que muchos arquitectos en el mundo aspiran a replicar en sus creaciones.

Basta con ver el funcionamiento de los ojos y nuestro cerebro para maravillarnos de la existencia como seres vivos, la cual, en muchos casos, ha sido imposible reproducir por parte de la comunidad científica.

¿Pero es realmente el Homo sapiens sapiens el ejemplo de un diseño perfecto en la naturaleza divina/evolutiva? Para dicha comunidad, hay muchos “detallitos de diseño” capaces de refutar esa percepción.

Hablando en términos evolutivos, Alan Mann, antropólogo de la universidad de Princeton, señala que “la evolución no produce perfección, produce función”.

Con los párrafos anteriores en mente, es justo celebrar en este artículo nuestras ventajas evolutivas, reconociendo al mismo tiempo todos esos “errores de diseño” que nos han dado identidad también como especie.

Nuestros pobres huesos

Empezando por la espina dorsal, en términos sencillos, es un desastre. La transición que hizo nuestra especie de caminar en cuatro extremidades a solo dos, no tomó en cuenta la columna.

Mientras otras especies usan el arco formado por su espina dorsal para sostener el peso de sus órganos y músculos de manera equitativa, los homínidos le cargaron noventa grados a sus espaldas para sostener el peso de su torso, brazos y cabeza, castigando especialmente la parte inferior de su columna.

La mayoría de las personas está condenada a sufrir algún tipo de dolor de espalda después de los 50 años, y la única solución visible sería volver a caminar en cuatro extremidades.

Y ahí no están los únicos problemas óseos, nuestras rodillas nos dan velocidad, movilidad y uno de los mecanismos de defensa más importantes; el inconveniente es que solo pueden rotar hacia adelante y atrás. En otras palabras, somos extremadamente susceptibles a sufrir serias lesiones, si nos golpean al costado de dicho hueso.

Mientras hombros y caderas tienen huesos rotativos, las rodillas quedaron fuera de la ecuación, y esa complicación, al menos en los deportes, significa un gran conflicto por las lesiones que pueden ocurrir.

Y, quizá, el ejemplo más popular de errores de diseño está en los dientes. Los pasos evolutivos ocasionaron que el cerebro creciera en tamaño; el cráneo generó espacio, forjando mandíbulas más amplias y menos altas. En ese cálculo no se consideró la última fila de muelas, ahora conocidas como “muelas del juicio”, las cuales, al crecer sin espacio, han producido terribles dolores desde la antigüedad.

Hablando de dientes, la naturaleza nos dejó muy en claro que un solo “juego de dientes” para la vida adulta sería suficiente para llegar hasta los 35 años… pero ahora vivimos hasta los 80, sin problemas.

¿Y qué hay de nuestros órganos?

Tenemos órganos increíbles, con tareas muy complejas, capaces de regenerarse y combatir infecciones que acaban con otras especies. Aunque también hay algunos detallitos dignos de mencionarse.

Los ojos son quizá los órganos favoritos, por su complejidad y el significado para la evolución humana, sin embargo, si los comparamos con los de varios tipos de insectos, no vemos ni la mitad de lo que existe realmente en el mundo.

Otro detalle en nuestro diseño, cuando hablamos de los ojos, está en el llamado “punto ciego”, resultado de un problema generado en el desarrollo como embriones, el cual produce retinas “invertidas” que, a su vez, provocan la existencia de puntos donde la luz no llega al cerebro y, por lo tanto, producen una visión deficiente, ocasionando esos choques y caídas inesperadas.

“Pior tantito”, el simple hecho de que la retina se encuentre al final de los ojos provoca desprendimiento del tejido ocular, esto se traduce en ceguera. Y pensar que algunas especies de pulpo simplemente “voltean su retina” para evitar esas molestias.

Los genitales son otra muestra de que la naturaleza no sabía lo que estaba haciendo, comenzando con la proximidad de los aparatos reproductivos con el recto, esta cercanía hace que muchas mujeres padezcan infecciones en las vías urinarias y en la vejiga.

En el caso de los hombres, la forma en que están conectados nuestros canales urinarios es un desastre, tanto así que la próstata padece las consecuencias, provocándonos inflamaciones severas y bloqueos de la función urinaria.

La joya de la corona: el cerebro

Hablar del cerebro es como hablar del fondo marino, un lugar misterioso lleno de sorpresas y maravillas que aún no terminamos de descubrir y entender.

Cathy Gulli, editora del portal científico Maclean’s, lo dijo muy atinadamente: nuestro cerebro está lleno de fallas, es irracional y paranoico, y justamente por eso funciona.

Como muchos otros animales, el cerebro en su diseño más simple ha evolucionado en torno a detectar amenazas y sobrevivir de los depredadores, la cuestión es que hace varios siglos dejamos de vivir en ambientes plagados de estos peligros. Nuestro cerebro, aburrido de no detectar amenazas, comenzó a darle un sentido más amplio a lo que podríamos considerar un verdadero riesgo, lo cual ha dado, como consecuencia, una especie temerosa de cosas que podrían ser solo producto de la imaginación. ¿El resultado? Muchos lo califican como la plaga moderna de las ansiedades.

El mismo crecimiento de nuestro cerebro está repleto de problemas; desde que nacemos, la carrera es bastante desigual, los primeros trabajadores en “despertar” son aquellos encargados de las funciones motrices, y luego deben convivir con los nuevos empleados, encargados de manejar el lenguaje y las interacciones sociales.

El crecimiento desigual del cerebro es natural, pero debido a la complejidad del pensamiento, mezclado con los instintos de permanencia, empatía y de agradar a otros, provoca desórdenes como la depresión, la locura, las memorias poco confiables y los comportamientos autodestructivos.

¿Estamos arruinados?

Chip Rowe, editor de Nautilus, decía que los humanos fuimos construidos con el equivalente biológico de cinta adhesiva y piezas de madera.

Pero justamente en nuestros defectos están nuestras virtudes; muchos avances médicos se han realizado con el objetivo de darnos lo que la evolución se negó a proveer.

Con una columna débil, llegan los exoesqueletos e implantes; los avances dentales nos han dado mejores dientes de los que el propio cuerpo ha podido producir, y gracias a nuestro pobre cerebro paranoico hemos podido conquistar el espacio, desarrollar sociedades inclusivas y crear arte increíble.

Los errores de diseño nos han hecho buscar la perfección y el bienestar, algo que ninguna otra especie hace de la misma forma. Y eso nos hace únicos.