Martes, 22 de Setiembre de 2020

INICIO | ECONOMÍA
ECONOMÍA

Evo Morales, mandato sin fin

Por: MAF. Javier Rueda Castrillón
Analista económico. Investigación y Cátedra. Apple Distinguished Educators
@ruedac

Share This:

Imaginar a Evo Morales presidente de Bolivia hasta el año 2025 es un ejercicio cansino y lleno de incongruencia política, la democracia latinoamericana requiere de formación en cada votante y su escasez hace que ocurran situaciones insólitas que desesperan, “¿qué he hecho yo para merecer esto?” podría cambiar por un “no hay mal que dure cien años”, consuelo general propio del drama político latinoamericano.

La reelección boliviana abre el telón como si de una obra teatral populachera se tratara, precedida por una hipocresía descarada con un "no quiero, pero no puedo decepcionar a mi pueblo", Evo se entrega a las masas como un Dios lleno de ideas, talento y voluntad. Conmigo o contra mí, la polarización política niega para los fanáticos del presidente recuerdo alguno, tres años atrás Morales y su pandilla perdían en un referéndum en el que buscaban habilitarse para un agónico cuarto mandato; nada que el poder y el manejo mediático no puedan solucionar, el Tribunal Constitucional boliviano sentenció que el actual presidente podía seguir buscando la reelección de manera indefinida alegando que era parte de sus "derechos humanos".

Ya en campaña, el dúo Morales-García Linera no ha dejado títere con cabeza, su mandato representa un récord de permanencia, desde enero de 2006 la historia se repite con un estilo a lo “Big Brother, ¡las reglas cambian!”, con una transición constitucional impuesta en 2009 que otorga la posibilidad de reelección presidencial para dos mandatos continuos de cinco años cada uno, sumada a la reelección en 2010 y luego nuevamente en 2014. Historia sin fin, en 2016 los partidarios de Morales convocaron un sufragio y modificaron nuevamente una Constitución que podría ser la mofa general ante tanto tuneo, avalar un nuevo periodo ha significado la falta de credo en instituciones y esquemas de elección.

El Tribunal Supremo Electoral boliviano vive un señalamiento constante al ser evidente su alineación al oficialismo, es cierto que algunos de sus componentes actuales son los mismos que anunciaron la derrota de Morales en el referéndum de 2016, aunque también es notorio que la mitad de las autoridades ocupa cargos en el aparato gubernamental boliviano, amiguismos y estrategias que ponen la piel de gallina al compararse con gobiernos que inician debates a la Constitución o reglamentación democrática.

Derrotar a Evo Morales resulta complicado, tarea de titanes que sin unidad hacen de este reto algo imposible de lograr, la oposición boliviana ha intentado articular un frente de unidad donde las siete opciones electorales no han logrado su propósito, esta desunión otorga mayores posibilidades a un Gobierno con el colmillo afilado y la experiencia de otras contiendas. Para muchos no basta que este gobierno esté desgastado, los mensajes de soberbia, corrupción y la falta de respeto a la palabra empeñada serán lastres con los que deban lidiar, la violación a las normas éticas de la convivencia es más amarga y consecuente en una población dividida que sigue esperanzada en una promesa pendiente por cumplir.

Evo representa el logro político de un pueblo, ser el primer presidente indígena otorga la confianza en un personaje que prometió la erradicación de la pobreza, la igualdad ciudadana y una economía de mayor escala con capacidad de crecimiento sostenible. Hoy Bolivia vive falencias en las áreas de la salud, desempleo y corrupción, temas preocupantes en panoramas poco transparentes que son evidenciados día a día desde medios globales y que no alcanzan nota dentro de sus fronteras, un control firme al más puro estilo chavista.

Como buen líder de masas, este ególatra mandatario se ha rodeado de una estructura afín a cada capricho, faraónicamente dictamina los cambios que le permiten una amplia gestión en el país, colocando en la palestra a un ejercito nacional a favor de la supuesta lucha presidencial por la liberación económica, política y social, traducida en una nación soberana y no una colonia, como en el pasado decían ser llamadas. Por si la duda asomara en esta rebatinga ideológica, el hit del momento se entona en un himno creado al mandatario, músicos y compositores del ejercito boliviano no han tardado en homenajear al presidente y obligar a entonar el himno a Evo Morales como si tal payola pareciera el aseguramiento del triunfo político: “Evo Morales, tú tienes la luz, que el gran Orinoca su cuna te dio, al hombre que un día la historia cambió y la patria querida es quién la unió”… en fin, sin comentarios.

El pueblo se cansa, manifestaciones y exigencias son llevadas a la calle de manera masiva, el temor a las consecuencias de inquietar al régimen no es tan fuerte como la indignación acumulada con el paso de los años. Durante varias semanas de protestas de diferentes sectores, el presidente Morales no tuvo otra salida que anunciar la abrogación completa del nuevo Código del Sistema Penal que, entre otras cosas, sancionaba hasta con penas de cárcel la mala praxis médica. Médicos, trabajadores de salud, estudiantes, docentes y funcionarios administrativos duraron 43 días manifestándose ante un descontento cada vez mayor debido a las afectaciones ocasionadas por dicho parón. El desencantamiento social es mayoritario en las ciudades, abrogar el Código del Sistema Penal ha significado una derrota importante en la hegemonía presidencial, muchos ciudadanos han visto el logro de sus demandas y hoy aspiran a un cambio complicado entendiendo que la masa votante fuera de las grandes urbes tiene un peso mayor. Pequeñas batallas ganadas que buscan el triunfo en una guerra donde muchos aún están sin posibilidad de acción, la oposición no define claramente su unión mientras que el gobernante del Movimiento al Socialismo presenta una novedosa fórmula vicepresidencial, Álvaro García Linera es un toque novedoso que dificulta aún más la caída.

Diez años son tiempo suficiente para ver cambios, en el país y en el mismo Evo, los que conocen las lisonjas, sacrificios y vanidades que vienen con el poder, coincidirán en que nadie puede ser la misma persona tras una década de vivir como el centro absoluto. Todo el mundo admite que el cambio pudo darse, Morales tuvo su momento en un sistema duro que no perdona, su personalidad y liderazgo no ha encontrado relevo y el desgaste evidente obliga a valorar alternativas.

Las redes de Evo son grandes, sabe que requiere de aliados que formalicen y den valor a su mandato, más allá de Maduro y la ideología caduca de Chávez, no es extraño encontrar similitudes como las de su homólogo nica, Daniel Ortega. El perfil populista parece estar sacado de un mismo molde, la promoción de discursos políticos antimperialistas, los planes de renacionalización de las industrias de gas y petróleo, la fijación religiosa como promoción de la unión del mundo cristiano con las ideas marxistas y el uso del ejército como guardián del imperio se ha revelado como la guía perfecta para la gobernanza comunal a favor del poder.

Fieles a la comparativa, en lo que respecta a México es evidente una relación calculada, la ideología y matiz social se prestan para el repertorio de piropos propios del eslogan chavista, Evo Morales no tardó en escribir sobre el triunfo del actual presidente mexicano: “hoy México cierra un periodo neoliberal que sólo trajo pobreza y dolor, que hizo de la corrupción y el delito algo normal. Hoy, con el hermano Andrés Manuel López Obrador este pueblo hermano inicia una etapa en la que millones de mexicanos renuevan su esperanza en días mejores”. Bien podríamos dar respuesta con la frase matona: “Cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar”, severo refrán que pocas veces se equivoca, no es suficiente tener ideas y voluntad, la capacidad de trascender obliga a una formación que hoy muchos desearían para poder materializar sus sueños.

Varios ya empezamos a ver peligrosas similitudes en un socialismo latinoamericano que pone en evidencia nuestra capacidad de elección, democracia sin formación resultará siempre tozudez y agandallamiento político… perdóneme usted la dureza de mis comentarios.