Viernes, 15 de Noviembre de 2019
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PANORAMA INTERNACIONAL

Geopolítica internacional

Por: DEH. Julen Robledo Garcés
Doctor en Investigaciones Humanísticas por la Universidad de Oviedo, España; docente en la Universidad de La Salle Bajío
julenrg7@gmail.com%20

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Una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial, en 1947 se origina la Guerra Fría, un nuevo conflicto caracterizado por el enfrentamiento político, económico, militar, informativo, científico y tecnológico entre el bloque occidental-capitalista (liderado por Estados Unidos) y el bloque oriental-comunista (liderado por la URSS). Tras el derrumbe de los sistemas comunistas (constituidos a partir de 1945) provocado por las revoluciones de 1989 en la Europa oriental, la URSS se desmorona al perder la zona de influencia que había construido, luego de su victoria contra el imperialismo nazi de la Segunda Guerra Mundial. Con la caída de la URSS y el triunfo de Estados Unidos se abre el nuevo escenario geopolítico internacional de conflicto que marcará las pautas de nuestro presente global.

Tras el derrumbe del Muro de Berlín, en 1989, el libre mercado fue promovido como modelo único universal imponiéndose en prácticamente todo el planeta a salvedad de unas pocas e insatisfactorias excepciones (Cuba, Venezuela, Corea del Norte, &c). En consecuencia, Rusia (bajo la tutela de Boris Yeltsin) pasó a ser independiente y comenzó a transformarse hacia una economía de mercado hasta el punto en que abandona su condición de “país vencido” en 1991 para convertirse (al mando de Vladimir Putin) en una de las principales potencias euroasiáticas.

Por otro lado, la operación Tormenta del Desierto, autorizada por las Naciones Unidas y lanzada por EUA en contra de Irak (expulsándolo de Kuwait) en agosto de 1990, le sirvió al imperialismo estadounidense para mostrar al mundo su supremacía militar e imponer un golpe de autoridad que perdura hasta nuestros días.

En América Latina, la mayoría de gobiernos adoptaron reformas guiadas por el consenso de Washington, que propugnaba por la liberalización de los mercados y, en este sentido, el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (NAFTA) comenzó a marcar la pauta. No obstante, a pesar de que está unida por una lengua (el español), una religión (el cristianismo) y una tradición histórica similar su cohesión política, hoy día, parece ser un disparate.

Ya a partir de 1991 el sudeste asiático comienza a desarrollar un crecimiento económico espectacular, protagonizado por los denominados “tigres” (Singapur, Corea del Sur, Hong Kong y Taiwán), pero sobre todo en India y China donde, este último, se irá convirtiendo poco a poco en uno de los motores principales de la economía mundial hasta nuestros días. Entre todos ellos suman más de tres mil millones de habitantes involucrados en un crecimiento arrollador, que actualmente los ha convertido en el punto estratégico de muchas transnacionales y corporaciones de gran capital mundial.

Por otro lado, cuando el Talibán asume el poder en Afganistán, en 1996, quedó de manifiesto el ejemplo más patente del fundamentalismo islámico en ascenso. El islamismo, lejos de agotarse en una dimensión puramente teológica, se extiende a lo largo de todo el campo social, político y cultural, moldeando el pensamiento y determinando las acciones de sus seguidores en un grado que no tiene paralelos en ninguna filosofía occidental. El mundo islámico despliega su extensión geográfica desde el norte de África hasta las lejanas islas indonesias y el punto importante reside en que bajo estos vastos territorios están localizadas las mayores reservas de petróleo del globo terráqueo. El poderío económico del petróleo sumado a la ideología expansiva del islamismo lo convierten en uno de los enemigos más temibles de occidente. Tanto es así que los ataques del 11 de septiembre de 2001, ejecutados por Al-Qaeda en las Torres Gemelas, abrieron paso a un nuevo orden: esta vez el enemigo de occidente ya no era el comunismo soviético, sino el fundamentalismo islámico.

Otro escenario relevante de contienda geoestratégica se sitúa en el Ártico. Dado que en esta zona se encuentran el 22% de las reservas mundiales de petróleo y más del 30% de los recursos de gas natural y el calentamiento global está provocando el deshielo que comienza a permitir su extracción; el norte de Europa, Rusia, Dinamarca, Noruega y EUA ya han iniciado su enfrentamiento por el control de esta nueva plataforma de recursos.

Menos alentadora es la situación de la Unión Europea, pues, azotada por las recurrentes crisis económicas y políticas, ha perdido buena parte del poderío internacional que poseía en su mayor momento de expansión a raíz de la llegada de los países del este. Europa queda relegada a un protagonismo secundario, dejando así de ser el centro de interés para el capitalismo global que se ha desplazado a nuevos espacios, como el sudeste asiático, el Ártico o el Oriente Medio.

En definitiva, el hecho de tener presente el análisis del panorama geopolítico mundial siempre resultará de gran utilidad a la hora de potenciar aquellas inversiones y proyectos emprendedores que vengan dados a escala internacional.