Miércoles, 13 de Diciembre de 2017
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Huertos familiares y su aporte a la canasta básica

Por: J. Adrián Figueroa Hernández
Ecoparadigma A.C., Centro Ambiental para la Sustentabilidad, San Luis Potosí.
ecoparadigma@yahoo.com.mx

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Actualmente en las ciudades está de moda poner huertos urbanos, ya sea en el jardín de las casas o en pequeños espacios en forma de huerto vertical, esto con la finalidad de cubrir la necesidad de consumir productos orgánicos que ayuden a mejorar la salud.

Estas actividades se convierten en un área de oportunidad para ofrecer una serie de insumos y servicios que requieren de un buen control de calidad y enfoque, debido a la diversidad de las familias con actividades urbanas que requieren una atención específica diferente a la rural.

Otra de las razones por la cual se crean huertos es por reconciliación con la naturaleza y para no ser 100% dependientes de los mercados alimentarios, que cada vez se manejan más por agroindustrias y supermercados, y dejan en rezago la producción y comercialización de los campesinos que producen, quienes en su mayoría trabajan su tierra para el autoconsumo de algunos pocos productos de la canasta básica.

Las familias rurales y suburbanas son las más vulnerables en temas de alimentación y nutrición, tanto por su condición socioeconómica, como por el entorno en donde viven. Desde un enfoque del capitalismo salvaje, la importancia del éxito radica en la acumulación de riqueza y poder pero sabemos que hasta ahora, este modelo no ha funcionado, por lo que es necesario replantear estilos y formas de vida social y productiva.

Lo anterior nos pone en caminos donde el bienestar y la calidad de vida sea una prioridad política, más no discursiva. Apostar por mejorar las economías, ya no a costa de la destrucción de recursos naturales, sobreexplotación de humanos y consumismo. Se trata de cambiar hábitos, comportamientos y estructuras en donde el bienestar sea para todos aunque no igual, pero tampoco tan polarizado como hasta ahora se encuentra.

Y entonces nos preguntamos ¿qué tienen que ver los huertos familiares? Pues bien, éstos son un área de oportunidad para reencontrarnos con nuestros principios naturales de supervivencia, es decir reconocer y participar un poco en la cadena alimentaria domesticada que son los cultivos. La tendencia cada día crece, la gente quiere evitar enfermedades a través de la buena alimentación, por lo que se vislumbran millones de familias que estarán dispuestas a tener un espacio para cultivar en su propia casa. Esta práctica creciente es un área de oportunidad para un negocio verde, de comercio justo, y desarrollo de tecnologías que ayuden a que sea más eficiente este tipo de sistema productivo, especialmente en áreas urbanas, donde las familias están integradas a dinámicas productivas que dejan poco tiempo para dedicarse a producir el 100% de su alimentación de hortalizas.

Con relación en las zonas rurales, la moda de los gobiernos desde hace muchos años es  ofrecer asistencia para disminuir la inseguridad alimentaria que se tiene actualmente, por lo que no será suficiente con proveerles de alimentos ni enseñarles a producir, sino también construir condiciones sustentables de vida digna y que aprendan a manejar sus propias herramientas físicas, comunicativas y de gestión.

De manera general la promoción de huertos familiares es actualmente una práctica socioeducativa, mas no se puede subsistir con ella. En México este proceso es muy lento, seguimos bajo esquemas agronómicos clásicos de producción, somos un país dependiente de muchas especies de semillas de hortalizas provenientes de Estados Unidos y Canadá a consecuencia del Tratado de Libre Comercio.

Es innegable que existen muchos beneficios familiares y comunitarios al trabajar con huertos, como es la contribución a la economía del hogar, motivar a que se genere una organización social para compartir experiencias y productos; además de la integración familiar, la reproducción por imitación de los vecinos, compartir conocimientos sobre el manejo y cuidado de las semillas, control de plagas y producción de abonos. También existe la curiosidad para experimentar nuevas técnicas y la mejora estética del huerto en casa, ejemplo de ello son los proyectos realizados por diseñadores industriales.

Otro aspecto por considerar en lo que corresponde al ámbito rural, son las familias con alta marginación económica quienes muchas de ellas son invitadas a tener su huerto de traspatio, pero como ya se mencionó, no basta con proporcionar materiales y dar capacitación. Por ejemplo, no siempre los predios en donde viven son “propios”, es muy reducida la superficie apta para cultivo (además de estar agotadas o contaminadas por agroquímicos). Hay una pérdida de conocimientos tradicionales sobre este tipo de cultivos, y de manera reiterativa el asunto de la poca disponibilidad de agua para uso en el hogar y sus cultivos, junto con otros males como es la costumbre o codependencia de programas asistenciales de gobierno, entre otros.

Es necesario crear una estrategia integral basada en lo cultural, social, ecológico y técnico, por lo que es recomendable recapacitar antes de vender la idea de huertos familiares para mitigar el hambre o considerarla como una práctica que resolverá el problema de abasto alimenticio de las familias de bajo nivel socioeconómico. Lo mismo aplica en caso de que se quieran instrumentar de manera extensiva en las zonas urbanas.

Con base en lo anterior, promover los huertos familiares requiere de una corresponsabilidad social presente y a mediano plazo, basada en una visión intergeneracional que sustancialmente proporcione capacidades y habilidades individuales y colectivas, mismas que contribuyan al bienestar familiar urbano y rural, con metodologías y tecnologías propias a partir de sus propios contextos y situaciones.