Domingo, 25 de Agosto de 2019
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La estrepitosa caída del sueño bolivariano

Por: Mtra. Daniela Paz Aguirre
Maestra en Derecho Constitucional y Derechos Humanos por la Universidad Panamericana de México. Área legal, Stratega Consultores.
daniela.paz@strategaconsultores.com

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En agosto pasado, el director del Fondo Monetario Internacional (FMI) para Latinoamérica, Alejandro Werner, fue noticia mundial al dar las duras cifras de hiperinflación en Venezuela, que se pronostican en 1.000.000% para el año 2018. Con ello, alcanzaría números históricos para países no solo de Latinoamérica, sino de occidente. Según sostenía en entrevista con Andrés Oppenheimer, se asemeja a la inflación de Alemania en 1923 y Zimbabwe, a finales del año 2000.

En medio de estas declaraciones, el pasado 20 de agosto, el presidente venezolano Nicolás Maduro anunciaba la eliminación de cinco ceros a la moneda de ese país y la creación de un nuevo cono monetario: el bolívar soberano.

Sin embargo, presenta algunas inconsistencias en su esencia; recordemos, en febrero de este año, se anunciaba con “bombo y platillo” que Venezuela entraba a la era digital con la creación del “petro”, una criptomoneda cuyo valor referencial es el precio de un barril de crudo venezolano y, a su vez, el bolívar soberano está anclado al valor de este elemento; esto deja un mar de dudas respecto a la fluctuación de la moneda y la eficacia de estas medidas en su conjunto para sacar a Venezuela del atolladero en el que se encuentra.

Para los venezolanos, todo lo anterior no resulta en una salvación a la hiperinflación de su país, sino que les resuelve únicamente –y de manera momentánea– un problema operativo, ahora cargarán consigo menos cantidad de papel para realizar actividades tan cotidianas como comprar un pasaje del colectivo o artículos de primera necesidad (limitados por persona), por los que hacen largas filas.

Así pues, sin más aviso, anunciaba Maduro el “programa de recuperación económica”, el cual cambiaba el “fuerte” por el “soberano”, pero dejaba el “bolívar”.

La Venezuela que pregona la figura del libertador Simón Bolívar por lo alto, y que se ha convertido en el símbolo de la revolución chavista y héroe de la patria, ha sido tan deteriorada como su moneda, llámese bolívar fuerte o soberano; la realidad es que, según datos de Alejandro Werner, el promedio de peso de una persona bajó siete kilos en el último año, pues la mayoría no cuenta con dinero suficiente para comer tres veces al día, esto repara en una salud pobre, la cual ha revivido enfermedades que solían estar erradicadas, así como padecimientos constantes, resultado de una mala alimentación.

Ante este panorama, las especulaciones son muchas. Por un lado, nunca se había sostenido una economía nacional en una criptomoneda, pues los expertos indican que carece de valor, al no ser una divisa, y de no seguir las reglas del mercado cibernético, al ser controlada por un ente centralizado –el gobierno venezolano–, y el resultado será inminentemente fallido; por otro lado, hay quienes tienen esperanza de que al ser un ejercicio de economía macronovedoso la última palabra aún no está escrita. Lo cierto es que la simbiótica relación entre “el petro” y el bolívar soberano es una herramienta del gobierno de Maduro para burlar las sanciones impuestas por Estados Unidos de Norteamérica y tener acceso a nuevos ingresos, además de la venta del crudo.

Pero mientras se consigue una respuesta, el pueblo venezolano tiene preocupaciones mayores, pues aún con los cinco ceros menos y una emisión de billetes con nueva denominación, sigue sin alcanzarle si quiera para la canasta básica, gasolina, servicios médicos y productos de primera necesidad.

Ante todo, surge la duda: ¿traerá buen augurio el nuevo bolívar soberano? O ¿será el final del sueño bolivariano?