Viernes, 30 de Octubre de 2020

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La globalización y la nacionalidad

Por: MDPL. Daniela Barrera Rodríguez
Abogada STRATEGA Consultores
daniela.barrera@strategamagazine.com

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La globalización ha alcanzado aspectos del desarrollo humano que antes eran impensables y, por lo tanto, desencadenando una compleja estructura de condiciones que deberán ser atendidas en diversas latitudes. No en todos los casos ha permitido que la vida del ser humano resulte más asequible, hay particularidades que construyen muros difíciles de derribar, trámites burocráticos en varios países que no logran poner solución al problema.

Para muestra, basta un botón: en fechas recientes conocí a una adorable familia que tiene 2 pequeños, la esposa (que llamaremos Ana) tiene doble nacionalidad: mexicana y americana, ambas debidamente reconocidas y reguladas por el pasaporte correspondiente. El esposo, Carlos, es mexicano de nacimiento. Este matrimonio joven ha sido para mí el claro ejemplo de aquello positivo y negativo que conlleva la globalización, ya que Carlos, al trabajar en una gran empresa trasnacional, tiene la maravillosa oportunidad de realizar constantes cambios de residencia al extranjero; en uno de ellos Ana estaba embarazada de su segundo hijo. Así que con el pequeño Mateo de 3 años y Ana de 4 meses de embarazo se embarcaron en una aventura de 1 año a Suiza, ahí Ana tuvo a José María, es en este momento donde se presenta el problema: José María no era suizo automáticamente, ya que para poder adquirir la nacionalidad debería acreditar un lapso específico de residencia, no era americano por herencia de su mamá, pues las leyes de dicho país exigen procesos como la residencia por un periodo ininterrumpido, así como requisitos adicionales, y no era mexicano por nacimiento, pues no estaban en nuestro suelo. Al terminar la peregrinación por las diferentes oficinas se logró darle la nacionalidad mexicana, pues la tramitaron sus padres. Esto no terminó aquí, ya que al momento de regresar a México se debió acreditar con los documentos emitidos por la representación consular.

Como la problemática anterior existen un sinfín de personas en el mundo, resultado de la constante migración, trayendo consigo dilemas como el que acabo de platicar. En este tipo de circunstancias la globalización nos muestra una cara no tan amigable, pero en este caso en particular no es debido a la idea en sí misma, sino a lo cual se le enfrenta: el concepto de nacionalidad, que está aún pasos atrás de la realidad que efectivamente sucede en las naciones; las razones existentes son para proteger la soberanía de cada país, se evitan problemáticas internas, se pugna por la preservación de la identidad o protección a la economía nacional; como consecuencia, cada lugar establece los requisitos y circunstancias para otorgar su nacionalidad a una persona que anteriormente no estaba contemplada y no hay nada que organismos internacionales puedan hacer para cambiarlo.

En México, para ingresar legalmente al territorio, los mexicanos deberán comprobar su nacionalidad con algún documento legítimo, vigente y expedido por autoridad facultada para tales fines, entre los cuales están el pasaporte, la cédula de Identidad Ciudadana o Cédula de Identidad Personal o su equivalente, copia certificada del Acta de Nacimiento, matrícula consular, carta de Naturalización o certificado de Nacionalidad Mexicana, a falta de cualquiera de los enlistados anteriormente, se podrá acreditar mediante cualquier otro elemento objetivo de convicción que permita al Instituto de Migración determinar que se cumplen los requisitos establecidos en la Ley.

De igual forma, para el reconocimiento de la nacionalidad de una persona hay dos expresiones jurídicas: “derecho del suelo” o “derecho del lugar” (ius soli) y “derecho de la sangre” (ius sanguinis), este último implica que la identidad nacional se adquiere por herencia de los padres y se presenta en territorios que buscan conservar la cohesión social y étnica, contrario al “derecho del suelo”, que relaciona la pertenencia a una nación con el lugar de nacimiento, independiente del origen de los progenitores, este criterio es predominante en países que favorecen los movimientos migratorios. De acuerdo a ambos criterios, es que se establece la regulación; existen países donde se permiten ambos (México, Argentina, Venezuela, Paraguay, España) o sólo uno, y determinará la asignación de la nacionalidad de una persona el caso en particular y los trámites burocráticos exigidos.

Es importante tener siempre en mente que todos somos ciudadanos del mundo y merecemos el mismo trato humano y legal para tener una vida plena y evitar la discriminación de cualquier tipo.