Sabado, 13 de Agosto de 2022

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La inclusión: el negocio de unos cuantos para todos

Por: Esteban Cortés Sánchez
Compositor de música para cine y director de orquesta
lecscorp.com

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El pasado mes de septiembre, La Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de los Estados Unidos dio a conocer una serie de lineamientos que debe cumplir toda película que desee ser considerada para acceder a sus galardones (los Oscar). Dichas reglas se centran en la inclusión de grupos minoritarios no sólo frente a las cámaras, sino detrás de ellas e incluso en lo que concierne al mercadeo y distribución de las cintas en competencia para la edición del año 2024.

El incluir a todos los actores sociales en los discursos mediáticos es algo que se busca relativamente desde hace poco tiempo. Con el cine, la televisión y los cómics dominados generalmente por hombres blancos heterosexuales desde que estos vieron por primera vez la luz, un cambio de la noche a la mañana parecería inaudito y, sin embargo, eso es lo que a todas luces está pasando o nos lo están haciendo creer.

De acuerdo con cifras dadas por El Monitor Geek, una quinta parte de la audiencia estadounidense pertenece a una minoría, lo que nos da una idea de por qué es un objetivo tan importante, asimismo, con el negocio en mente, las producciones pensadas para esos nichos se han ido incrementando y, por supuesto, lo han hecho en los lugares donde la censura no los puede tocar: Internet.

Dice Ian Huffer, investigador y catedrático en la universidad Massey, en Nueva Zelanda: “La naturaleza del negocio de Netflix significa que puede tomar más riesgos que la televisión o el cine. Netflix ha usado la diversidad como punto de diferencia”; producciones como Orange is the New Black son prueba de ello, pero esa sólo es una entre muchas.

En julio de 2019 Disney dio a conocer que la actriz afroamericana Halle Bailey será la protagonista de la versión con actores reales de La Sirenita, e Internet enardeció. Tanto partidarios como detractores de la idea no tardaron en expresar (a veces de maneras muy violentas) su sentir al respecto. Esta fue una muestra más del gender swap (cambio de género –o raza, en este caso–) que han vivido varios personajes famosos en la cultura pop en aras de la inclusión, pero si la historia nos dice algo es que, al menos artísticamente, no es la mejor idea.

Películas como Ghostbusters, Oceans 8 u Overboard (con Eugenio Derbez) han puesto en práctica el cambio de género de sus protagonistas con resultados no tan buenos ni en la taquilla ni con la crítica, como era de esperarse. En un claro acto de “subirse al tren”, los productores de esas y otras cintas no entregaron excelentes productos y sostuvieron todo en la nostalgia y un “velo de inclusividad” que simple y llanamente no funcionó, pero ayudó a seguir con la tendencia de verse “socialmente responsables”, para quedar bien y vender boletos. Fernando Bezaury lo dice de manera simple: “Lo que molesta no es la inclusión, sino que se hace sólo para cumplir, sin argumentos”.

Claramente esas minorías que se quieren representar en las grandes producciones aún no tienen el mismo tiempo de pantalla que sus contrapartes actorales y son casi siempre relegadas a papeles secundarios que terminan siendo clichés, algo en detrimento de la diversidad de la que se quiere hacer gala, lo cual adquiere sentido si tener un protagónico homosexual o transexual podría ser dañino para el negocio en territorios como China, que son mercados muy fuertes pero no tan tolerantes con las comunidades LGBTTTIQ+. Se puede ser diverso, pero el dinero es el dinero. En un mundo ideal se estarían creando nuevas historias entrañables; personajes interesantes cuya sexualidad fuera simplemente un rasgo más en ellos. Esto ya ha pasado en películas, como Brokeback Mountain o Call me by your name, y en series de televisión, con figuras como Lucifer o Constantine (DC Comics).

La inclusión y la diversidad son temas complejos que se ven reflejados, como siempre, en el arte. No podemos esperar una solución de la noche a la mañana porque tal vez no la haya y eso, en sí mismo, es parte de todo, de todos nosotros. Como dice un antiguo proverbio vulcano: “infinita diversidad en infinitas combinaciones”.