Martes, 04 de Agosto de 2020

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La inmovilidad de clases sociales, ¿por qué sucede?

Por: LD. Karen Lizbeth Ayala García
Abogada en el Departamento Jurídico Corporativo STRATEGA Consultores
karen.ayala@strategamagazine.com

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Cuando decidí estudiar la licenciatura de derecho, mis padres me dijeron que el estudio sería la herencia que podrían dejarme, el resto dependería del trabajo y esfuerzo propio, ya que en mi familia no hay abogados y, por lo tanto, no iba a ser un camino fácil.

Así como la mía, hay cientos de historias de mexicanas y mexicanos que cada día buscan capacitarse, esforzarse y progresar social, profesional y económicamente, con el fin de tener una mejor vida que la que sus padres les pudieron brindar; cuando se logra este impulso, se le denomina movilidad social, este salto o movimiento puede darse para mejorar o empeorar su posición.

He escuchado a conocidos y amigos decir que los pobres son pobres porque no tienen intensión de trabajar o simplemente porque no quieren salir de su entorno y me pregunto: ¿qué sucede cuando, a pesar de las ganas, el mérito o talento de cada uno, no se logra vivir en condiciones socioeconómicas superiores a las que teníamos al nacer, derivado a factores externos como discriminación, corrupción, inseguridad, región, género, color de piel, educación o pobreza?

México, y otros países latinoamericanos, presenta una economía emergente con alto nivel de desigualdad social, tiene un índice alto de baja movilidad, lo que resulta en la existencia de desaceleración económica y tecnológica.

Según encuesta ESRU de movilidad social en México (ESRU-EMOVI), 7 de cada 10 mexicanos que nacen en la pobreza se quedan en ese quintil socioeconómico toda su vida, así como aquellos que nacen en una condición buena o ventajosa, tienen mayor probabilidad de conservar ese estatus; me parecen cifras espeluznantes que deberían atenderse en las políticas públicas del país, ya que arrojan la existencia de un problema gravísimo de falta de oportunidades y desarrollo, pues sólo favorecen a un cierto grupo y no se crean lazos motivantes para la coexistencia entre las diversas clases sociales.

El Centro de Estudios Espinoza Yglesias (CEEY) realizó una investigación, denominado “El México del 2018. Movilidad social para el bienestar”, en el que propone diversos puntos para combatir la baja movilidad, con los cuales, de llevarse a cabo, habría beneficios para todos y serían parteaguas para que el país incrementara la justicia, la integración social y el crecimiento económico incluyente:

  1. Política pública, en la que se diseñe y promueva la educación, salud y protección social.
  2. Reforma fiscal que garantice la recaudación de impuestos y sostenibilidad generacional.
  3. Universalización y mejora de la calidad de aprendizaje en el sistema educativo, existiendo una igualdad de oportunidades, por lo tanto, una redistribución del presupuesto federal, con base en las necesidades de cada región.
  4. Aumento en el mercado laboral flexible, sin descuidar la seguridad social y el empleo, integrar el sector formal e informal, buscar políticas a favor de eliminar la discriminación en los grupos socioeconómicamente desfavorables de origen, de la población indígena y de las mujeres.
  5. Unificación de la protección social, lo que se daría con una modificación y evolución en los sistemas de salud, de pensiones y de seguridad social.
  6. Cultura y competitividad financiera.

Definitivamente, el estancamiento entre clases sociales trae consecuencias negativas, ojalá el Estado apostara por cambios a las políticas públicas que generen una dinámica de mayor crecimiento económico con menor discrepancia de resultados, es decir, poder gozar de las mismas posibilidades para tener acceso a la protección social, la calidad en la educación, un trabajo digno y acceso a beneficios financieros, de igual forma nosotros, como población, tomar conciencia y ser más asertivos en que sin importar origen, sexo o color de piel, deje de existir la desigualdad de oportunidades que sólo trae frustración y desperdicio de talento y capital humano, aunado a las consecuencias económicas generales.