Sabado, 22 de Febrero de 2020
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ECONOMÍA

Lisboa, muito mais que uma cidade

Por: MAF. Javier Rueda Castrillón
Analista económico. Investigación y Cátedra. Apple Distinguished Educators
@ruedac

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¡Cómo me gusta esta cuidad! Es justo iniciar el artículo con un piropo ganado, un merecido halago al ver el Golden Gate europeo unir –en dos kilómetros de acero– la brecha que deja el río Tajo; esta estructura imponente pinta el paisaje portugués de modernidad y evolución económica.

Permítame darle un recorrido especial por Lisboa, la ciudad del Fado, las sardinas asadas, los pasteles de Bélem y el afamado Vasco de Gama. Una metrópoli vigilada por el Cristo Rey, a setenta y cinco metros de altura, símbolo de gratitud del pueblo portugués al mantenerse fuera de la Segunda Guerra Mundial. Cascais y Estoril representan la bonanza, barrios como Alfama, Chiado o Baixa hacen de la ciudad de las siete colinas, un centro neurálgico de tendencias de todo tipo, diseño de vanguardia y un atractivo capaz de desplazar a otras entre los destinos más buscados para visitar o, incluso, para vivir.

Atrás queda la Lisboa estancada, el punto crítico salpicado de edificios semiabandonados y decrépitos dominados por prostitutas y narcomenudistas, muestra de la devastación provocada por la crisis de la deuda europea. Ahora está en auge, esta moda arrastra a los visitantes a conocer la denominada “nueva Berlín”; un turismo que baja de los cruceros para llenar sus calles y disfrutar en los tuk-tuks. Los edificios históricos resplandecen, los bares y los restaurantes nuevos laten llenos de vida y las cuentas se pagan con el famoso obrigado (a), el cual invita a regresar.

En el año 2011, Portugal se embarcó en una serie de pasos difíciles a cambio de un rescate financiero de 78 mil millones de euros, una nueva ley de arrendamiento que liberó el mercado inmobiliario de la capital se ofertó como la gran apuesta, ese todo o nada ahora da la razón a aquellos que confiaron en la transformación veloz de la capital. El espíritu conquistador portugués vuelve a estar encima de la mesa, con un golpe certero hacia la motivación empresarial, Lisboa se ha convertido en un nuevo centro de negocios, agilizando la burocracia en busca de nuevas empresas que doten de dinamismo y solidez su economía. Empresa na hora (Empresa en una hora) es la modalidad telemática creada por el Gobierno luso, la cual empieza a dar fruto; este sistema permite reunir y agilizar los trámites para la puesta en marcha de un nuevo negocio en tiempo récord.

El pasado de Portugal representaba un mar de problemas burocráticos, desde hace más de una década, el Gobierno se ha empeñado en modernizar el Estado creando los Centros de Formalidades de la Empresa, sistemas que albergan todos los organismos necesarios para establecer una compañía e iniciar su actividad. Un Pepe y Toño a la mexicana, o una Ana y Mary, por aquello de la igualdad empresarial que arrastra no solo a pymes; el medio ambiente, el off shore eólico y los recursos marinos, así como el turismo de alto nivel, las tecnologías de la información, los servicios y la educación puntean en un campo de negocios lisboeta, un terreno fértil que migra poco a poco a otros núcleos económicos del país.

Con estas estrategias de motivación empresarial, el desempleo ha llegado a un 9%, esta cifra, en tierras europeas, representa un éxito; compárelas con el 22% español o el 12% francés y descubrirá un panorama prometedor; Portugal no había crecido más del 2.5% ni en sus mejores años, ahora sí. Un país de diez millones de habitantes, sin gran extensión geográfica y con una localización atractiva para el desarrollo, obliga al Fondo Monetario Internacional a revisar sus pronósticos para presumir cómo el país cumplirá su meta en un déficit inferior al 1.5%, todo gracias al aumento de las exportaciones y al crecimiento en la zona euro.

En las próximas revisiones de las agencias de rating, las cuales aún tienen a Portugal como “bono basura”, se espera una mejora de las perspectivas, un pasaporte directo para una mayor financiación en condiciones más bajas, menor tasa hacia mayor inversión, empleabilidad y generación económica responsable. Mejor imposible, Lisboa está de moda y lo sabe, atrae financiamiento y procura seguir creciendo de manera sólida los próximos años.

Los “lechuguitas” portugueses han consolidado el plan, saben de la necesidad de un trabajo constante, esto se puede constatar en las interminables filas que, a horas punta de la capital, demuestran el dinamismo cercano al puente Vasco de Gama, otra maravilla arquitectónica para conmemorar los logros marítimos del pasado luso. Filas eternas en un tráfico no habitual, Lisboa no está diseñada para el auto, horas interminables para buscar un lugar de estacionamiento o el pago de un parking, donde la mayoría prefiere moverse en una red de transporte en constante crecimiento ante la gran demanda. La falta de mejoras en el transporte es sinónimo de estancamiento, Lisboa lo sabe e invierte para un sistema de comunicación más efectivo.

Como usted habrá descubierto en estas líneas, Portugal ha sido el primer ejemplo de la recuperación económica europea. Temas de desempleo, exportación, turismo y glamour han hecho que los inversionistas extranjeros inunden Lisboa, conocedores de esta gran demanda, sorprende la oferta para los compradores de propiedades valuadas en 500 mil euros o más, usted compra y el gobierno luso le brinda la gran oportunidad de obtener una “visa dorada”, una green card a la portuguesa.

Es necesario ver todos los puntos en la historia, este resurgimiento lisboeta se ha sentido como un cambio abrupto de un extremo al otro para los residentes menos privilegiados que están siendo desplazados, la ley de la oferta y la demanda es atroz en las teorías económicas, esto se vuelve rutina en el barrio medieval de Mouraria, un condominio de lujo que contrasta con el edificio viejo con balcones estrechos, símbolo para los activistas portugueses, quienes luchan contra los desalojos de viviendas. La polaridad en las clases sociales hace ver aspiracional el crecimiento desmedido, una motivación que requiere de mucha más infraestructura y confianza.

La mayoría de los portugueses, liderados por los propietarios de inmuebles, consideran la transformación de Lisboa como una parte esencial de la reciente recuperación económica de Portugal; una modernización obligada, si se busca un mejor panorama económico.

Portugal tiene una larga historia de antagonismo hacia los terratenientes, desde la revolución de 1910, en la cual se destronó la monarquía, durante la prolongada dictadura militar, las rentas se congelaron en Lisboa y en la ciudad norteña de Porto. Este ejemplo de “solvencia” promovió vivienda y estancia de familias a precios más que asequibles, un sistema en el cual un rentero debió buscar nuevas maneras de ingreso. Al recibir, muchos años después, su rescate financiero, el centro de la ciudad tenía 552,700 habitantes y 322,865 viviendas, de las cuales 50,289 estaban vacías. Un año después, la nueva ley de arrendamiento se puso en vigor para liberar el mercado inmobiliario, brindar mayor dinamismo y una vuelta a la oferta y la demanda, economía pura.

Y así es como se escribe la historia, desde un puerto lleno de nostalgia, aspiraciones y buena sazón, un regreso a la ciudad multicultural del comercio, un lugar encantador con una economía doble, dividida entre los que comercian con sus propiedades y con el turismo, y el resto de la gente. Muchos siguen condenando la “disneyficación” de Lisboa, vista en las nuevas tiendas, como El Mundo Fantástico de las Sardinas Portuguesas, donde los turistas pueden comprar una lata de pescado con su año de nacimiento en la etiqueta. Todo se vale, cuando la cantidad de 4.5 millones de visitantes anuales sobrepasa la población de la ciudad en una proporción de más de ocho a uno. Cerca de treinta hoteles están planeados para abrir en Lisboa el año próximo, todos al más puro estilo del “Café Lisboa”, presumido por Alejandro Fernández en su cuenta de Instagram, para darle mayor promoción a la zona… cuestión de gustos, desde la ranchera hasta el mismísimo pop de la musa Madonna, ahora residente en Sintra y vecina de personajes como John Malkovich, Michael Fassbender o Philippe Starck.

Imposible no mencionar del portugués del momento, Cristiano Ronaldo es un semidiós por estas tierras, mi afición culé y el espacio limitado para este artículo me impiden hablar del personaje, una pequeña trampa para dar cierre a este espacio, no con un adiós, sino a la manera portuguesa: até a próxima.