Viernes, 29 de Mayo de 2020
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Los niños de todos, los niños de nadie

Por: MDC. Daniela Paz Aguirre
Maestra en Derecho Constitucional y Derechos Humanos, por la Universidad Panamericana de México; área legal STRATEGA Consultores
daniela.paz@strategamagazine.com

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El artículo que tienes en tus manos es un brevísimo paso por las causas que orillan a los miles (tal vez, millones) de niños a vivir en una situación de calle, visto desde una perspectiva de derechos humanos y con la intención de visibilizar a una comunidad que es constantemente revictimizada por una sociedad que prefiere ignorarlos que hacer frente a sus necesidades.

Enlistar las causas no es tarea sencilla, de acuerdo con la doctora Perla Gómez Gallardo, maestra en Docencia e Investigación Jurídica y doctora en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México, la salida del hogar “no obedece a una sola razón o motivo, sino que más bien se trata de un fenómeno multicausal e histórico. Hablar de las causas, entonces, es abordar un asunto complejo que no vislumbra un único patrón absoluto o general por el cual las y los niños o adolescentes han abandonado y roto los vínculos familiares”. Dentro de las causales que se señalan, existen las siguientes: mendicidad con familia o en solitario, contextos de maltrato o violencia –incluso abuso sexual–; indiferencia, despojo afectivo; sobrecarga de responsabilidades lo que lleva al abandono de los estudios y la aportación a la economía familiar; en la minoría de casos, la curiosidad y el deseo de aventura los lleva a refugiarse en la calle.

Según datos de la UNICEF, en su informe para el año 2017, en el mundo existen 100 millones de niños en las calles, de los cuales América Latina alberga a 40 millones y en México se calcula que son alrededor de 100 mil.

Este organismo distingue dos grupos: los que tienen vínculos familiares, pero pasan la mayor parte del día fuera de casa, que constituyen el 75%, y los que no mantienen ningún vínculo familiar, que representan el otro 25%.

Es importante señalar que la Constitución mexicana garantiza, en su artículo cuarto, la protección, otorgamiento y vigilancia de la vida, alimentación, salud, vivienda, educación, agua, identidad, protección, recreación y esparcimiento y familia, siempre salvaguardando el interés superior del menor. Párrafo que se incorpora a partir de la muy famosa reforma del año 2011 y que permitió sumar a la Carta Magna lo ya firmado y ratificado por el Estado mexicano en la Convención sobre los Derechos del Niño desde 1990.

Si legalmente se reconoce la necesidad de salvaguardar los intereses de la infancia, ¿por qué siguen creciendo los números de pequeños en esta situación? Las respuestas son muchas y diversas, pero la maestra Hilda Adriana A. Jiménez, docente de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, señala que la violación al derecho a la identidad es probablemente el inicio de una serie de derechos humanos desquebrajados.

“La identidad nos da existencia jurídica a los seres humanos. En el caso específico de las personas que viven en las calles, el derecho a la identidad permite enfocar a dicho grupo de población desde una serie de patrones de exclusión social, pues es uno de los derechos cuyas violaciones diferenciadas trascienden y afectan no sólo el ámbito personal, sino también el colectivo, además de provocar vulneraciones a otra serie de derechos humanos”.

La identidad es un derecho intrínseco, personalísimo y distintivo, se otorga por la simple existencia y no puede perderse por ninguna causa, el hecho de que el Estado reconozca el derecho a la identidad de los niños y las niñas a partir de su registro y su acta de nacimiento es el inicio de una serie de acciones que protegen y salvaguardan la infancia, aunque aún no se ha logrado tener un registro de todos los menores que hay en México.

Imaginemos lo siguiente: si el Estado no garantiza y reconoce una existencia jurídica que permita un efecto “cascada” de los demás derechos, los esfuerzos de los programas sociales serían nulos, pues no erradica de raíz la problemática, sino que camufla la realidad por un corto periodo.

Nosotros, como sociedad, tenemos una alta deuda con la niñez. Si buscamos un futuro mejor, deberíamos comenzar por tener generaciones más fuertes en sus estructuras físicas y mentales.