Miércoles, 17 de Octubre de 2018
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ESTILO Y VIDA

Mi punto de vista no es la verdad absoluta

Por: Lic. Laura Sánchez Flores
Terapeuta especialista en cognición, lenguaje y biodescodificación.
sanlauris@hotmail.com

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“Seis hindúes sabios, inclinados al estudio, quisieron saber qué era un elefante. Como eran ciegos, decidieron hacerlo mediante el tacto. El primero en llegar junto al elefante, chocó contra su ancho y duro lomo y dijo: «Ya veo, es como una pared». El segundo, palpando el colmillo, gritó: «Esto es tan agudo, redondo y liso que el elefante es como una lanza». El tercero tocó la trompa retorcida y gritó: «¡Dios me libre! El elefante es como una serpiente». El cuarto extendió su mano hasta la rodilla, palpó en torno y dijo: «Está claro, el elefante, es como un árbol». El quinto, que casualmente tocó una oreja, exclamó: «Aún el más ciego de los hombres se daría cuenta de que el elefante es como un abanico». El sexto, quien tocó la oscilante cola acotó: «El elefante es muy parecido a una soga». Y así, los sabios discutían largo y tendido, cada uno excesivamente terco y violento en su propia opinión y, aunque parcialmente en lo cierto, estaban todos equivocados.”

   “Parábola de los Seis Sabios Ciegos y el Elefante”.

   Atribuida a Rumi, sufí persa del s. XIII.

Esta parábola se considera como un magnífico ejemplo de la relatividad de las percepciones de cada individuo. Todos tienen la razón en su percepción pero todos están equivocados con respecto a la realidad. Es lo mismo que pasa con los puntos de vista, puede ser que para alguien no esté correcto lo que para el otro es una certeza.

El hombre se cree dueño de la verdad absoluta y el egoísmo no permite ver otros puntos de vista que pueden aportar mayor conocimiento, experiencia y formar conceptos de manera integral y completa.

Albert Einstein hablaba de la relatividad, todo es relativo, así que nunca se tiene la verdad total de cualquier cosa. Lo que es bueno y válido para uno, no lo es para otro, y de aquí se derivan muchos de los conflictos que enfrentan a diario todas las personas: problemas de comunicación.

Pensar que el que está equivocado es el otro, sitúa al individuo en una posición egoísta e inflexible; imposibilita la comunicación y el intercambio de ideas y creencias, las cuales pueden ser igual de válidas y certeras. Esto se puede observar cuando dos personas o más están platicando de religión, futbol y ahora en este tiempo de política.

La opinión personal depende de las creencias y experiencias vividas, que nunca van a ser iguales que las del otro, aun cuando el evento vivido sea el mismo, cada persona lo interioriza de modo diferente.

La necesidad de tener razón es lo que en verdad origina esa posición egoísta de no tomar en cuenta las creencias y puntos de vista de los demás, considerando el propio como único para poder lograr la causa sobre la que se discute.

Hay creencias que se tienen muy arraigadas y es difícil deshacerse de ellas o aceptar una modificación sobre las mismas, pero es la vía para tener un crecimiento y enriquecer nuestros pensamientos. Al aceptar otras ideas se motiva al sistema de creencias a readaptarse a la nueva información y esto hace que se enriquezcan las opiniones.

El cuestionamiento a la propia información y a la de los demás debería de ser un hábito para los individuos, así se formarían criterios mejores y más certeros; aunque se sabe que no hay una verdad absoluta, siempre habrá opiniones nuevas para confrontar las anteriores.

Se debe tomar en cuenta que conocer las ideas de otros no significa que se tengan que aceptar como válidas, como propias, solo es en pro de entenderlas, cuestionarlas y formar un nuevo criterio a partir de ellas; validarlas y hacerlas propias ya dependerá de las conclusiones obtenidas a partir del análisis de las mismas.

Al escuchar una opinión o idea que no es afín al sistema de creencias y opiniones propios y sentir desagrado o rechazo, la manera más adecuada de reaccionar es cuestionando el por qué se siente ese rechazo, si esa opinión afecta algún valor profundo o si la opinión se parece a la de algún familiar o amistad con quien se tuvo algún conflicto, tomando en cuenta que es la opinión y no la persona que la emite la que está provocando el rechazo.

La respuesta agresiva puede llevar la conversación hacia pleitos y situaciones de violencia no deseadas. El respeto a las ideas de los demás, es una premisa básica para tener una comunicación asertiva, eficaz y eficiente.

El mejor consejo que se puede dar es: hay que escuchar. Se debe escuchar con el mayor interés aún cuando lo que se esté escuchando sea totalmente opuesto a las ideas y creencias propias, esto proporcionará respeto, empatía en la conversación y llenará de paz el ambiente.

La escucha activa hacia el interlocutor valida las opiniones del otro, sin que esto signifique necesariamente que se esté de acuerdo con las mismas. Cuando una persona se siente valorada en sus ideas, renunciará a la posición de imponer esas creencias a su interlocutor.

Es un derecho poder tener una opinión propia, y como derecho debe ser respetado hacia ambos lados de la conversación, el que habla y el que escucha. Por lo tanto, se deberá aprender a responder con todo respeto: “esa es tu opinión y la respeto, yo pienso diferente y de igual manera pido respeto para mi manera de pensar”.

Esta postura traerá a la vida de quien la usa asertividad en su comunicación con los demás, y creará un respeto hacia sí mismo, el cual será a su vez transmitido a su interlocutor. Evitará discusiones acaloradas y agresividad a la hora de platicar de temas que generan controversias, como puede ser las opiniones políticas, tan en boga hoy en día.

Referencias bibliográficas

Gamero, A. (2005). “Parábola de los seis sabios ciegos y el elefante”, en La piedra de Sísifo.

Murillo, P. (2015). “El salto entre tener razón o ser feliz”, en La Mente es maravillosa.

Sabater, V. (2017). “La insufrible necesidad de tener la razón”, en La Mente es Maravillosa.

Sansó, R. (2014). “Yo tengo razón, tú estás equivocado”, en El País Semanal.