Sabado, 13 de Agosto de 2022

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Narrativa mexicana

Por: MBA. Horacio Marchand Flores
Fundador de Hipermarketing.com, el portal más grande de mercadotecnia en Iberoamérica
@HoracioMarchand

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México es un país de grandeza y potencial: espectaculares litorales, estratégicamente ubicado, rico en flora y fauna, minerales y elementos como oro, petróleo y hasta litio; con gente creativa y de trabajo; diversidad, riqueza cultural, atractivo turístico. De todo esto es de lo que deberíamos de estar hablando y estarnos alimentando; es lo que deberíamos de estar aprovechando.

Infelizmente estamos atrapados en el encono y la víscera; despistados en lo irrelevante y aferrándonos al pasado. Se percibe una especie de odio o resentimiento por "lo otro": lo de antes vs. lo de hoy, liberales vs. conservadores, pobres vs. ricos, graduados vs. no graduados, empresarios vs. empleados, los que hacen noticia vs. los que reportan noticias y hasta mexicanos vs. españoles. El odio es peligroso porque es contagioso, escalable y tiene el potencial de destruirlo todo.

Las dos pulsiones más fuertes en el humano son el Eros: amor, romance, creatividad, pasión y el Thanatos: odio, violencia, agresión, dominación. Estas energías psíquicas dominan nuestra especie. Los anuncios, películas, noticias y pornografía las incluyen o las fusionan.

Generar odio, resentimiento e indignación también son formas de control. Si es cierto eso de que "el pueblo unido, jamás será vencido", entonces es cierto que el pueblo desunido será totalmente vencido.

¿Cómo cambiar esto? Cambiando la narrativa. Los cambios verdaderos ocurren cuando las narrativas se modifican. No tengo duda de que el subdesarrollo es una posición mental. La innovación y el desarrollo son primero psicológicos y luego lógicos.

Si no cambiamos las conversaciones, con base en una nueva creencia o posibilidad, estaremos condenados a repetirnos y estancarnos. México no es perfecto, pero podemos elegir la narrativa predominante: aquella que saca lo mejor de nosotros, o aquella que saca lo peor de nosotros.

La primera nos inspira, genera una visión, agranda la autoestima y conlleva la posibilidad de mejorar; la segunda nos amarga, genera desesperanza y desconfianza y conlleva a la inevitabilidad trágica, y a ser subyugados.

Las narrativas determinan nuestras posiciones existenciales, definen actitudes y conductas, y nuestro destino: el de una nación, una empresa, o un individuo.

Somos las historias que nos contamos, la mitología que nos engulle y la creencia en turno. Un individuo puede narrarse como héroe o heroína, en lugar de víctima; una empresa como triunfadora, en lugar de justificarse ante un entorno negativo; una nación puede articular un sueño ganador, en lugar de achicarse y polarizarse en el resentimiento.

Como el american dream, que ha capturado la imaginación del mundo entero. Millones llegan a EE.UU. a abrazar ese sueño que promete superación y logro al que trabaja, al ingenioso, al que no se da por vencido. Nuestros millones de paisanos que viven en EE.UU. lo demuestran; son una potencia económica en sí mismos.

Una narrativa sólo puede ser reemplazada con otra. Si se ha de migrar de una narrativa tóxica hacia una virtuosa, tiene que ser articulada a base de tocar fibras emocionales, posibilidades reales y con un protagonista visible que compita con la narrativa actual predominante.

¿Cómo empezar?

1.- Una narrativa exitosa establece la identidad de grupo: quiénes somos y a qué grupo pertenecemos. A nivel nación, el grupo al que pertenecemos es México.

2.- Compite y gana con historias existentes, que capturen la atención, nuestra imaginación y que inspiren.

3.- Que sea promovida por un líder que la predique. En México, por el momento, no hay a la vista otro líder que tenga la fuerza para cambiar la narrativa de encono y desconfianza. Ahí está el hueco y la oportunidad.

4.- Reconocer que el fondo es tan importante como la forma. El empaque, el medio y el despliegue son claves.

Todos queremos ser parte de una buena historia. Qué mejor que sea la de nuestro México.