Martes, 25 de Junio de 2019
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Pixar: nace un imperio

Por: Esteban Cortés Sánchez
Compositor de música para cine y director de ensambles
lecscorp@yahoo.com.mx

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Incredibles 2 llegó a los cines el pasado 15 de junio de 2018 y rompió el récord de recaudación en taquilla en el estreno de una película animada, con 182.7 millones de dólares, solo en EUA. Dicho récord pertenecía a Finding Dory, con una ganancia de alrededor de 135 millones de dólares. Lo que llama la atención es que ambas pertenecen al mismo estudio: Pixar.

La empresa que nos ocupa tuvo sus inicios como The Graphics Group, una división de la otrora toda poderosa Lucasfilm. Fue lanzada en 1979 con un capital humano salido casi por completo del New York Institute of Technology. La meta era simple: hacer la primera película animada creada en su totalidad con ordenadores; para esto, desarrollaron tecnologías que después serían fundamentales en el mundo de la animación por computadora, entre ellas REYES, acrónimo de Renders Everything You Ever Saw, precursor de RenderMan, un software para crear escenas tridimensionales.

A principios de los años 80, Lucasfilm comenzó a tener problemas económicos y The Graphics Group vio su futuro en la cuerda floja. Con el conocimiento de que la tecnología necesaria para ver realizado su sueño estaba a años de distancia, el grupo decidió crear una corporación independiente, no obstante, seguía ligado a los proyectos de Lucasfilm. Así nació Pixar, una empresa de hardware dedicada a hacer negocios con el gobierno estadounidense, las agencias de salud y el padre de Star Wars.

Fue en el proceso de separación y, por consiguiente, con la búsqueda de nuevos inversionistas que se creó la compañía como tal, y Steve Jobs, recién despedido de Apple, mostró interés en ella. Con una inversión de solo 5 millones de dólares, la cual puede parecer irrisoria, Jobs se hizo de una parte de las investigaciones y las tecnologías de la empresa. Pero no era el único gigante en juego.

Con varios proyectos en marcha, uno de sus clientes sobresalía entre el resto: Disney. La empresa del ratón utilizaba el software de Pixar para el proceso de coloreado en animaciones 2D. Esto llevó a una sociedad, la cual duró varios años y se convirtió en piedra angular para ambas compañías.

La anhelada meta llegó en noviembre de 1995 con el estreno de Toy Story, la primera película animada generada por computadora. Con un presupuesto de 30 millones de dólares y una ganancia global de casi 400 millones, fue un verdadero parteaguas en la historia del cine.

Después de varios desacuerdos por los derechos de los personajes y distribución de las cintas, Disney terminó por adquirir completamente a Pixar, en 2006, por una cantidad superior a los 7 billones de dólares.

¿Cómo se da un éxito tras otro? La respuesta se debe en gran parte a una dinámica que en Pixar llaman “Brain Trust”, cuando los creativos se reúnen para dar puntos de vista y opiniones acerca de los proyectos llevados a cabo. Lo más relevante de estas juntas es que la parte empresarial no es la más importante, es el proceso creativo. La honestidad, dejando el ego de lado y enfocándose completamente en la crítica constructiva, es el motor que mueve este tipo de actividades.

Esta es una gran lección de negocios: lo más significativo es el proyecto, no las posibles ganancias. Pixar, como entidad, tuvo que hacer concesiones que parecieron alejar a la empresa de la meta fijada en un principio y el camino de 16 años que debieron recorrer es prueba de ello; pero, al final, poner lo más importante al frente, en este caso la creatividad, ha probado –una y otra vez– ser la respuesta correcta.