Miércoles, 13 de Diciembre de 2017
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CIENCIA Y TECNOLOGÍA

Política digital, la guerra sucia está en las redes

Por: LCC. Gabriel Moreno Rodríguez
Productor, académico en el ITESM, Director de Noticias en One Click Medios. Analista en temas de tecnología y Ceo.
@gabofanfare

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Qué conveniente se ha vuelto la integración de las redes sociales en nuestras vidas, desde la forma en que nos comunicamos hasta la velocidad con que nos enteramos de las cosas que ocurren en el mundo. Pero lo cierto es que pocos son los mercados donde se han aprovechado tanto las redes sociales como es en la política.

No hace mucho, durante una manifestación en México, una mujer sostenía un cartel donde se leía “nosotros somos el quinto poder” en referencia al papel que tiene la sociedad en las redes sociales. Sabíamos que los gobiernos y los medios de comunicación eran los primeros cuatro poderes, pero no suena nada descabellado considerar que las redes digitales han venido a traer un contrapeso importante en esta enorme balanza.

Y es que nunca habíamos estado en una época donde la opinión pública tuviera tanto eco de una forma tan directa e inmediata con los políticos. Ahora es bastante sencillo grabar un video, escribir un comentario y participar en un hashtag de los que en muchas ocasiones alimentan los estudios de mercado de un equipo de campaña o una oficina gubernamental.

Pero ¿Y si en lugar de analizar lo que hacen los usuarios pensamos en lo que pueden hacer los directores de campaña y las oficinas de gobierno con este quinto poder?

Comencemos imaginando una casa que por sí sola albergara el tráfico de internet que varias colonias concentran con todas sus casas combinadas. Donde si pudiéramos entrar a inspeccionar el domicilio nos encontraríamos con que no hay muebles, ni cocina y mucho menos una cama ¿En su lugar? Nos encontramos con una torre de celulares y computadoras de escritorio, todas acomodadas de forma estratégica, sin que exista una persona que opere dichos equipos.

¿Quién operaría un edificio lleno de computadoras y celulares? La respuesta es un conjunto de programadores que por medio de procesos de automatización pueden generar cientos de reacciones y tráfico hacia una página en redes sociales o un sitio web específico. Haciendo que, de un momento a otro, cientos de cuentas falsas administradas por estos celulares y computadoras hagan que la publicación de una persona tenga miles de “likes” en Facebook, o cientos de comentarios en una noticia, por mencionar solo algunos ejemplos.

Es difícil mencionar todas las aplicaciones que puede tener un lugar como el que describo en el párrafo anterior, desde impulsar un producto como un refresco o un nuevo modelo de auto, hasta aumentar el número de vistas en el video de un líder de opinión como los apodados tubers. Eso sí, la cosa se torna turbia si pensamos en un candidato en tiempos de campaña o en un actor político que busca sabotear la imagen de su rival.

En México ocurre algo curioso, cuando hablamos de plataformas digitales la ley tiene lagunas legales en muchos temas de corte electoral. Por mencionar un ejemplo está la campaña de Enrique Peña Nieto para la presidencia en 2012. Desde su inicio, las autoridades electorales fueron muy estrictas en la regulación de mensajes de campaña en radio, televisión y medios impresos, pero también, fueron muy claras al decir que no se regularían de la misma forma los llamados “medios digitales”.

La postura liberal por parte de la autoridad en torno a las redes en internet propició la contratación de un ejército de personas encargadas del manejo de imagen de los candidatos presidenciales en esa contienda. Muchos de ellos con la encomienda de administrar páginas oficiales o afines al movimiento político del candidato. Otros tantos con actividades menos “honorables”.

Y es que en tiempos de campaña la guerra sucia que conocemos y con la que estamos familiarizados incluye declaraciones inflamatorias en noticieros, discursos en mítines donde se critica con mano dura al rival, espectaculares con denuncias y hasta spots en radio y televisión donde se satiriza la postura del contrincante. Muchos de estos recursos están extintos con las nuevas políticas electorales. ¿Pero y las redes? Esa es una historia muy distinta.

En el 2012 México vio los primeros ataques masivos de trolls, cuentas falsas que tenían como único fin atacar con comentarios, denuncias y bromas las publicaciones y presencia en redes de un actor político definido. De pronto no era tan raro ver una publicación en Facebook de Josefina Vázquez Mota siendo bombardeada por cientos de usuarios que la calificaban de mentirosa, ratera o hasta estúpida en palabras de estos individuos.

Y aunque es cierto que para muchos fue fácil detectar que todos esos señalamientos eran arrojados por nombres que no tenían un rostro real, también es cierto que dichos mensajes impactaban en la percepción del ciudadano promedio. Y es que como todo ejercicio de mercadotecnia la percepción de una persona no cambia de inmediato, es un ejercicio de desgaste y exposición que un troll incansable puede mantener durante el tiempo que sea necesario.

Y las cosas en campaña no se limitan a estos llamados trolls, existe también la manipulación de datos y su interpretación, que en el 2012 fue aprovechada por los estrategas de campaña para mostrar con mayor frecuencia los anuncios de Enrique Peña Nieto sobre los que Andrés Manuel López Obrador buscaba posicionar en servicios de búsqueda como Google o Bing.

Y de nuevo volvemos a la percepción, cuando el votante vea una boleta electoral y mire un nombre que le resulta mucho más familiar que otro ¿por quién terminará votando?

Y quizá el poder más contundente de las redes, no solamente en aquel lejano 2012, sino también en los comicios actuales y venideros, es ese fuego arrasador que tienen las redes para difundir una noticia. Donde antes el medio dependía de ratings ahora fueron los botones de compartir y retuitear quienes hicieron el trabajo mucho más fácil para aquellas noticias que manchan la reputación de un candidato. ¿O quién olvidará aquella entrevista donde Enrique Peña Nieto no supo nombrar tres libros que marcaron su vida?

Es cierto que las redes tienen una fuerza real y que han cambiado la forma en que se hace política en el mundo, pero también es cierto que es muy pronto para saber si son realmente efectivas, al menos a un nivel que se traduzca en un número considerable de votos. Para los profesionales en la mercadotecnia política aún existen pocos ejemplos que comprueben sus teorías, quizá siendo uno de los pocos casos contundentes de éxito el de Barack Obama en Estados Unidos en 2008.

Mientras tanto en México es aún más nublado el panorama político en redes, mismo que quizá reciba una luz mucho más clara en los comicios del próximo año, cuando de nuevo inicie la carrera presidencial en todo el país. Mientras tanto, no nos queda más que ver lo que ocurrió en el Estado de México, una de las entidades con mayor concentración poblacional en el país y donde poco importó la guerra sucia en redes.

Para el PRI en el Estado de México fue más sencillo mover miles de votos a su favor con las viejas prácticas de entregas de dádivas a miles de simpatizantes en un trabajo meramente de estructura en piso. ¿Pero que ocurrirá cuando las elecciones lleguen a ciudades con mayor acceso e inclusión a internet como Monterrey y la Ciudad de México?

Eso sí, la apuesta más común será la saturación de contenidos. Donde el mejor postor en las pujas de anuncios en Facebook y Twitter será del que veremos una mayor cantidad de publicidad en nuestras redes, así lo queramos o no. Atrás quedarán esos días donde los postes de luz desaparecían en un mar de carteles de campaña y se dará paso a un mar de videos con autoplay donde aparece el candidato en cuestión repitiendo su discurso una y otra vez.

El costo y la efectividad de esta estrategia aún es difícil de predecir, pero definitivamente será caro. ¿Exitoso? Falta aún tiempo para saber.

Como audiencia la única opción que nos queda es el escepticismo. Escepticismo por lo que leemos, lo que vemos y lo que escuchamos. Donde antes Molotov nos advertía “Que no te haga bobo Jacobo” en una de sus canciones, deberá ahora decirse: “Que no te haga bobo Facebook”.