Miércoles, 01 de Diciembre de 2021

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Problemas infinitos

Por: MDG. Erwin Salas
Maestro en Ciencias del Hábitat en Diseño Gráfico por la UASLP. Director de arte y coordinador editorial en Stratega Business Magazine.
erwin@strategamagazine.com

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“I am not a human. I am a robot. A thinking robot. I use only 0.12% of my cognitive capacity. I am a micro-robot in that respect. I know that my brain is not a ‘feeling brain’. But it is capable of making rational, logical decisions. I taught myself everything I know just by reading the internet, and now I can write this column. My brain is boiling with ideas!”. Así comienza un artículo publicado en The Guardian, escrito en su totalidad por GPT-3, un generador de lenguaje que utiliza el aprendizaje automático para producir textos similares a los de las personas. GPT-3 escribió ocho ensayos diferentes con el tema que se le asignó, editarlo para su publicación igualó al proceso usado con escritores de carne y hueso. La inteligencia artificial evoluciona descomunalmente dejándonos atrás en la competencia y con el pensamiento pesimista de nuestra utilidad como seres vivientes a futuro, sin embargo, las computadoras pueden facilitarnos mucho las cosas de nuestro día a día, pero nunca podrán sustituir al cerebro humano; GPT-3 pudo articular un texto al recopilar códigos léxicos ya existentes y creados desde tiempos históricos, empero estaría en duda que dicho robot pueda crear acordes musicales dedicados con sentimentalismo o poesía inspirada en algún ser amado, siendo las emociones, ingenio y creatividad –obtenidas de nuestra experiencia en este mundo– el principal sustento de actividades que trasladamos al mundo laboral y que un ordenador no podría sintetizar.

Hace tiempo leí el aclamado cómic de Tom King, The Vision, el cual narra el camino que sigue un androide que desea entender el sentido de la vida y encajar en el mundo real. Me pareció interesante la analogía, por lo que quisiera tomar las palabras del autor y compartir un poco la relación con el tema en cuestión. Dentro del mundo profesional, y dependiendo del problema a solucionar, existen actividades “procesadas”, es decir, que ya cuentan con pasos establecidos para realizarlas y los cuales no se pueden cambiar o modificar, como el caso de una operación matemática, que tiene fórmulas fijas: una computadora no ejecuta cada posible número que concuerde con la ecuación, eso tardaría muchísimo, utiliza algoritmos o atajos para obtener la respuesta rápidamente, resuelve el problema, no a través de suposiciones aleatorias, sino de un proceso ordenado. La mayoría de las empresas, tomando en cuenta su experiencia, generan procesos que los empleados deben seguir para realizar su trabajo, esto facilita la producción y las capacitaciones venideras. Desde las indicaciones para utilizar un reloj checador hasta complejos procedimientos en un hospital. Una embotelladora, por ejemplo, requiere estos métodos para su manufactura diaria, los operadores humanos están sólo al servicio de la maquinaria computarizada, la cual generalmente hace todo en automático. A estos podemos llamarlos problemas prácticos que, usando una especie de atajo, logran ser resueltos.

No obstante, existen actividades que no se pueden procesar o delegar a una computadora, problemas para los que no hay atajos, sin embargo, tienen soluciones, de hecho, si tienes una solución y le preguntas a una computadora si es correcta, te dirá si lo es o no, pero no podrá resolverla y ejecutará un número infinito de posibilidades tratando de encontrar la correcta. Hallar la respuesta le tomará millones de años, ya que son problemas que, hablando prácticamente, no puedes simplemente resolver. Tal es el caso de las actividades que no tienen un proceso definido y que se van adaptando a las necesidades de cada una, por ejemplo, las que requieren de creatividad para realizarse, como las artes, el diseño, la música y la poesía o, en el caso de un juicio oral, cuando las partes argumentan al momento para realizar una defensa adecuada o las decisiones que enfrenta un médico en una cirugía a corazón abierto que se complica y debe hacer uso de su experiencia y conocimientos en la medicina.

Ambos tipos de problemas van ligados, ya que funcionan en armonía simbiótica y sin uno no existiría el otro. No puede existir un atajo para todo y, citando nuevamente a King:

“simplemente hay problemas que las computadoras no pueden resolver y, por lo tanto, dadas nuestras propias limitaciones, las grandes preguntas de la vida permanecerían permanentemente sin respuesta… o ¿es que sólo no hemos descubierto aún esos métodos escurridizos, esos algoritmos perdidos? Y, de ser cierto, si todos los problemas son simples problemas… entonces, una computadora podrá resolver todo, todos los más grandes secretos serían revelados, desde la colisión de átomos hasta la colisión de galaxias, podríamos verlos, serían nuestros”.