Viernes, 13 de Diciembre de 2019
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ECONOMÍA

Sinvergüenzuela, la política del doble discurso

Por: MAF. Javier Rueda Castrillón
Analista económico. Investigación y Cátedra. Apple Distinguished Educators
@ruedac

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Venezuela vive la necedad hiriente de la incompetencia política, el resumen fatal del descalabro corrupto de todos aquellos que buscan en la ideología las excusas para la barbarie… Menuda forma de iniciar este artículo, nótese el enojo ante la imposibilidad de fraguar un cambio, una justicia que se escucha en voz alta en el panorama internacional, pero que dentro de sus fronteras pareciera tener un gobierno sordo y tozudo.

El artículo 233 elaborado durante el chavismo venezolano es una trampa, un candado a la dictadura que ampara a corruptos y desvergonzados en un poder que apesta desde hace tiempo. Los poderes ejecutivo, legislativo y judicial se han centralizado, se han podrido los ideales dando paso a un doble discurso, populista y caduco, ¡un callejón sin salida que obliga a tirar el muro de la insensatez! Cada noticiero cubre la reseña ante un peligro inminente, el país no da para más y el radicalismo social provoca una violencia que crece con el paso del tiempo.

Le pese a quien le pese, Venezuela tiene dos presidentes, Juan Guaidó arrasa con la mayoría venezolana, la que ya no aguanta más y niega a Maduro su imposición ladina y corrupta, un perdedor que no admite la derrota a pesar de ser certificada de manera internacional. Vigilantes del proceso, negaron la victoria a un Nicolás que no escucha, abusa de poder y agrede ante la imposibilidad de mantener el triste legado chavista. Este legado ha llegado a su fin, aquellos guerreros del neoliberalismo ven el ocaso de este mandato, el mundo evoluciona y la historia, como acostumbra, siempre pone las cosas en su justo lugar, tarde pero seguro.

La falta de garantías, la violencia militarizada y la nula capacidad demócrata convierten a Venezuela en tierra de nadie, ¡ha leído usted bien!, de nadie. Nicolás no representa a alguien que se digne de portar con orgullo la bandera de la tolerancia, la responsabilidad y el saber. El doble discurso es peligroso, Juan Guaidó es el verdadero presidente constitucional de Venezuela, una presidencia que recuerda aquellos tiempos en los cuales, en el Zócalo capitalino de la Ciudad de México, se proclamaba un “presidente legítimo”, que hoy ocupa el poder, pero que mira erróneamente hacia otro lado alegando respeto y fraternidad. Bien es cierto que los casos son diferentes, un voto por voto demócrata que no aplica a una Venezuela sin crédito político… ¡Cómo han cambiado con los años! Desde nuestro país no se externaron las posturas propias del apoyo demócrata, la libertad y la lógica, todo ello ante el amparo de un artículo mencionado una y otra vez con interpretaciones erróneas.

El artículo 89 de nuestra Constitución mexicana nos dicta, sin miramientos ni controversias idealistas, el camino obligado a seguir en nuestra política exterior: “El titular del Poder Ejecutivo observará los siguientes principios normativos: la autodeterminación de los pueblos; la no intervención; la solución pacífica de las controversias; el respeto, la protección y la promoción de los derechos humanos y la lucha por la paz y la seguridad internacionales”. La interpretación facciosa de este artículo otorga un falso y aberrante respaldo a un Maduro caduco, la autodeterminación del pueblo venezolano ha sido olvidada con este “respaldo”.

La ilegalidad de Maduro cuenta con aliados y personajes que prefieren no “mojarse”, dirigentes blandos y penosamente mediadores ante circunstancias que afectan a la protección y la promoción de los derechos humanos, patética displicencia hacia las libertades políticas y el voto libre.

El Gobierno mexicano ratifica el esperpento de Maduro, apostando por una política mediadora afín a las posturas emitidas por Evo Morales, desde Bolivia; Bruno Rodríguez, desde la isla cubana; los mandatarios rusos y un Uruguay indeciso. Desde la oposición y pluralidad ideológica, la Unión Europea se une a países del continente americano como Argentina, Brasil, Chile, Canadá, Costa Rica, Colombia, Guatemala, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú y Estados Unidos, negando la presidencia venezolana y cerrando sus puertas diplomáticas hasta ratificar el cambio.

En repetidas ocasiones el gobierno mexicano actual ha sido comparado con Venezuela, desde otras posiciones y con otros organismos, es justo aseverar que si se cuenta con la totalidad del Congreso y se comulga con ideales que hoy son repudiados por la inmensa mayoría, no hay que ser muy vivo para entender hacia dónde vamos; un futuro orientado hacia el petróleo (ampliación presupuestal energética para validar en un futuro la devaluación competitiva) y el inicio de programas para dar la “ayuda” antes de la oportunidad, evidencian este panorama ya vivido en otras fronteras. Sería necesario un análisis detallado, un estudio de similitudes para no repetir trágicos errores y horrores, una sugerencia que exige demostrar para contar con chances perdidas.

El mundo es un espacio que debe ser ocupado por valientes, Guaidó sabe su papel histórico y reclama su lugar, las decisiones del chavismo y su oposición ante el inminente regreso marcan una crisis política que comparte una preocupante incertidumbre, un estado crítico que sigue afectando al país hasta que sus Fuerzas Armadas aguanten. Un golpe de Estado es algo improbable, teóricamente podría darse esta posibilidad, aunque, por veinte años, el enfoque ha sido garantizar una alianza entre Gobierno y el estamento militar. La violencia es una salida práctica para la represión, mala combinación donde los más justos son afectados, atemorizados y obligados a pasar una triste página llena de corrupción.

Establecer el cambio por las urnas es una utopía y se agotan los medios para poder llegar a un acuerdo, un todo o nada que mantiene en vilo a una sociedad que vive la ayuda internacional de manera caritativa.

El apoyo ruso y chino al régimen de Maduro calienta aún más el panorama, se recrean bandos entre los buenos y los malos, una tensión política que es tratada de manera minuciosa para no sacrificar un cotizado petróleo. El crudo enviado a China está destinado mayormente al pago oportuno de los créditos rotativos que desde Beijing fueron concedidos al país en 2007 y el gran fondo de largo plazo que el gigante asiático puso a disposición de Caracas en 2010 por 10 años.

Debido a la fuerte caída de los precios del petróleo, Venezuela ha aumentado el volumen de crudo para China, por el mismo importe en dólares se obliga a una mayor producción, mismo costo en un tiempo en el que China no va a sacrificar procesos por garantías demócratas ajenas.

Con un 20% de la venta total, el imperialismo yanqui, los gringos injustos o los americanos despiadados con Maduro resultan ser excelentes socios para el negocio, un doble discurso que complica la situación. Tras insultos y comportamientos dignos de una novela televisiva, el negocio no debe parar ante una compra mayoritaria que inyecta capital a un país que se queda sin recursos. Dime con quién andas y te diré quién eres, esto no se cumple en un mercado internacional polémico con una China altiva ante un Estados Unidos proteccionista.

Venezuela seguirá viviendo momentos delicados, relaciones internacionales complejas llenas de ventajismo y exigencia, la presión internacional resultará insuficiente ante transacciones que obligan a la continuidad, el mundo verá lo despiadado del negocio, políticas de doble discurso que afectan de por vida a inocentes. Seguirá la presión internacional, cientos de miles de personas continuarán sus protestas, los noticieros cubrirán notas repetitivas de la situación y el mundo quedará perplejo ante la desfachatez y el cinismo de un régimen muerto. Guaidó representa el cambio y la confianza en el sistema, la responsabilidad y el quehacer ético en un ambiente global, la política internacional responsable y la coherencia a los hechos.

PD. Dedicado a todos los cobardes que defienden la supresión, el diablo se viste de oveja, no resulta tan evidente…