Jueves, 17 de Octubre de 2019
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Soberbia, el asesino silencioso

Por: MMD. Christian Flores Pérez
Profesional en marketing y comunicación, Commercial Leader en Rappi SLP. Director en Playmedia.mx
@_cristianflores

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Hay una realidad irrefutable en el mundo de las empresas, la triste verdad es que el 76% no muere a causa de una economía difícil o por las condiciones adversas del mercado. Por increíble que parezca, han existido marcas a prueba de tontos, de esas que casi, casi se venden solas, pero ¿qué creen?, fracasan y dejan a cientos, quizás a miles, sin empleo.

Hace algún tiempo trabajé para una marca muy importante de tecnología, la cual puso a una persona a dirigir el tema comercial en plazas que en la vida había pisado; sin lugar a dudas, era una eminencia, graduada de una de las mejores universidades de Latinoamérica, traía un modelo de negocio más agresivo que el de la empresa actual, de hecho, según nos contó, venía prácticamente de vender humo; algo era innegable, contaba con altas capacidades, tanto directivas como gerenciales; con la experiencia necesaria y los conocimientos para un puesto de alta relevancia. Pero había un grave problema: desconocía las ciudades que dirigía, conocía los nombres, pero no las sentía, no las escuchaba, no sabía de qué adolecían esas plazas que, con tanto orgullo, se llenaba la boca de dirigir.

Ella sólo pensaba en números y, hasta cierto punto, creía estar al frente de un monopolio, tenía la errónea idea de que los clientes en sus plazas debían responder de forma positiva al siguiente pitch: “somos equis marca, por eso vas a hacer lo que nosotros queramos y cuando nosotros queramos”, ya sabrán cómo acabo la historia, en un terrible clima laboral, empleados frustrados y esa mala suerte que vive el bajío del país de tener directores que muchas de las veces (no siempre) no saben cómo funcionan comercialmente una o varias de las ciudades que “dirigen”, por el simple hecho de que no se han tomado la molestia de quedarse más de 2 días en ellas.

Para colmo de males, esta persona sabía de qué pata cojeaba (básicamente, interacción personal y social) y se jactaba de su "estilo" directivo diciendo a sus subordinados: “yo no soy su mamá, no les voy a dar un abrazo ni los voy a consolar cuando se sientan solitos”, en una suerte de diversión y sarcasmo bailando al son de la soberbia. Ya que, a pesar de tener buenos elementos de los cuales podría apalancarse para tener a las ciudades comiendo en su mano, prefería ignorar cualquier tipo de sugerencia. Era tanta la atención al detalle que esta personita ni siquiera sabía el nivel de estudios de las personas que decía “dirigir”, algunas incluso con maestría o especialidad, pero que ella se empeñaba en tratar como novatas en las propias ciudades donde nacieron y tenían más contactos que ella porque, básicamente, si eres nativo de un lugar es muy probable que lo conozcas a la perfección.

No es nada personal, de hecho no sé qué habrá sido de esta persona, lo que me inquieta es pensar que así como ella, cuántos no andarán haciendo de managers sin  tener conocimiento mínimo de las zonas, no es lo mismo norte que sur, ni Campeche que Guadalajara, ni Yucatán que San Luis Potosí; el país se vive, se avanza y se piensa de maneras muy distintas, tantas que a veces ni la más prestigiosa universidad podría lograr que un manager lo entendiera. Analizándolo llegué a la conclusión de que no era la empresa ni el producto, ni siquiera era ella; más bien, fueron las circunstancias, el poco o nulo conocimiento que se tiene en CDMX de cómo funciona el resto del país; la mayoría del ingreso se concentra en tres ciudades, pero venta es venta y lana es lana, el resto de México también genera un ingreso y, por ende, debería contar.

La palabra correcta es “soberbia”, soberbia de no pedir ayuda, de no solicitar opinión, de pretender que se sabe todo cuando ni siquiera se esta consciente de que sin el equipo no hay nada, el principio y el fin del éxito están en la gente, en nuestros subordinados. La soberbia empresarial se está convirtiendo en el asesino silencioso de las organizaciones, no basta ordenar, hay que saber hacer y predicar con el ejemplo, bien lo dijo el líder político Robert G. Ingersoll: “Las manos que ayudan son más nobles que los labios que rezan”.

Mucho se habla actualmente de los millennials, se dice que son rebeldes, no acatan órdenes, no se ponen la camiseta, pero… ¿y si no son ellos? ¿Y si somos nosotros los que estamos haciendo algo mal? Se los dejo de tarea, ya lo dice o, bueno, casi lo dice una conocida canción popular mexicana que mucho suena en la radio: “No basta decir soy manager, sino hay que saberlo ser”.