

Las decisiones de marketing y comunicación de las compañías que comparten mercado entre México y Estados Unidos viven un momento de redefinición. Más allá de la cercanía geográfica o de la integración comercial del T-MEC, la clave de esta relación binacional está en cómo las marcas buscan adaptarse a un marco regulatorio que opera en dos lógicas distintas, pero interdependientes.
Esto ocurre en sectores estratégicos. En la industria fintech, por ejemplo, los requisitos de la Securities and Exchange Commission (SEC), que regula la transparencia y legalidad en los mercados de capitales, y la Financial Crimes Enforcement Network (FinCEN), encargada de vigilar la prevención de delitos financieros en Estados Unidos, marcan estándares que deben dialogar con la Ley Fintech mexicana y las disposiciones de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), autoridad que supervisa y regula a las entidades financieras en México. Una plataforma de pagos que busque posicionarse a ambos lados de la frontera no sólo debe comunicar innovación, sino demostrar cumplimiento. Y aquí surge una oportunidad: las compañías que traducen estos marcos regulatorios en mensajes claros logran proyectar confianza, credibilidad y, sobre todo, reputación.
La frontera también muestra cómo la adaptación regulatoria se convierte en ventaja competitiva. En el sector salud, un suplemento alimenticio que cumple con la Food and Drug Administration (FDA) en Estados Unidos no puede comercializarse en México sin la validación de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS). Sin embargo, las marcas que explican al consumidor este doble proceso de autorización no sólo cumplen: transmiten seguridad, fortalecen su narrativa de responsabilidad y construyen un prestigio que trasciende el producto.
Pero esta adaptación no es únicamente táctica, exige una cultura corporativa sólida. Las empresas que integran el cumplimiento en sus principios internos consiguen que la regulación no sea vista como un trámite, sino como un compromiso con la ética, la transparencia y la sostenibilidad del negocio. En el ámbito binacional, los consumidores son cada vez más críticos e informados, la coherencia entre los valores empresariales, la narrativa de marca y la práctica regulatoria se convierte en el verdadero diferenciador.
Hoy, la labor de los mercadólogos en compañías binacionales exige un criterio de responsabilidad compartida que equilibre estrategia, cumplimiento y reconocimiento. En la relación México-Estados Unidos, cada marco regulatorio recuerda que la confianza del consumidor se gana con la certeza de que detrás de cada mensaje hay ética y legalidad.
Quienes asuman este triple eje: estrategia, regulación y reputación; además de adaptarse al presente, definirán el rumbo del futuro binacional. Considero que una cultura corporativa que convierte la normativa en oportunidad, y esa ventaja en confianza, es la que permite sostener vínculos sólidos más allá de las fronteras.









