Viernes, 24 de Mayo de 2019
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CIENCIA Y TECNOLOGÍA

¡Imperio de chatarra! ¿qué pasa con nuestros desperdicios tecnológicos?

Por: LCC. Gabriel Moreno Rodríguez
Productor, académico en el ITESM, Director de Noticias en One Click Medios. Analista en temas de tecnología y Ceo.
@gabofanfare

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Los imperios han existido en muchas y distintas presentaciones, desde los romanos y británicos, que sometieron enormes porciones del mundo, hasta los corporativos como Amazon y Xiaomi, los cuales dominan mercados a nivel global y han hecho inmensamente ricos a sus CEO.

El poderío militar y el capital han definido a algunos de los imperios más famosos en nuestra historia, de eso no cabe duda. Otros nos han ido conquistando con lentitud, pero eficazmente. Uno de ellos (y quizá de los más peligrosos) es el de la basura.

Hablar de este problema no es para nada nuevo, virtualmente la totalidad de personas que lean este artículo habrán crecido escuchando frases como: “tira la basura en su lugar”, “recicla” y “nos estamos ahogando en desechos”.

Y, a decir verdad, este tema ha sido combatido, hasta cierto punto, de manera eficiente. Estados Unidos puede presumir de reciclar más del 50% de su basura, y algunos países europeos se están haciendo ricos con el negocio del reciclaje.

Pero, ¿cuánta basura se sigue produciendo? Los números oficiales revelan que el mundo genera 1 billón de toneladas al año, es decir, 3 millones de toneladas diarias. La mayoría no llega a rellenos sanitarios porque se considera químicamente inestable, esto puede ocasionar explosiones, daño al subsuelo y, en general, problemas severos en los ecosistemas del planeta.

¿Qué pasa cuando los desechos no pueden depositarse en rellenos sanitarios? Muchos países optan por quemarlos, lo que, en sí, ya es otro tipo de complicación. Solo en 2016 se incineraron cerca de 440 millones de toneladas, producidas ese año. Para ponerlo en perspectiva, en Estados Unidos se emitieron 880 mil toneladas de CO2, producto de esta práctica.

Pero no todos los países tienen esta capacidad. Son muchos los que optan por tirar por igual su basura, sea tóxica o no; algunos la dejan al aire libre en tiraderos clandestinos, entre ellos está México.

¿Qué pasa con esa basura? Normalmente los rellenos sanitarios están expuestos a las inclemencias del tiempo, incluyendo la lluvia; estos fenómenos propician que dichos desechos se filtren al subsuelo, donde provocan todo tipo de contaminación, en especial la que impacta a los mantos acuíferos y desencadena reacciones en el medio ambiente.

Y si hablamos de basura tóxica, una que ha ido creciendo con alarmante velocidad es la electrónica, la cual incluye todos aquellos equipos tecnológicos como las computadoras, tabletas, teléfonos, teclados, impresoras y reproductores de discos. El problema es que actualmente solo está matando a algunos de los países del mundo.

El imperio que gobierna sin hacer ruido

El 75% de los desechos tecnológicos terminan en tiraderos de países del tercer mundo o en vías de desarrollo como Pakistán, India, Bangladesh y varias naciones de África.

Únicamente en 2016, la cantidad de este tipo de residuos fue de 50 millones de toneladas, una cifra que podría parecer modesta, pero al analizarla veríamos las consecuencias ambientales, por eso los analistas la califican como “monstruosa”.

Miles de computadoras, teclados e impresoras llegan a los puertos de Pakistán donde son desarmadas y sus elementos, como plástico, metales y circuitos, son revendidos. Algunos comerciantes cobran hasta 500 euros por tonelada de componentes electrónicos, los cuales son extraídos por mano de obra que incluye niños.

La mayoría de estos desperdicios proviene de países incapaces de reusarlos, principalmente Estados Unidos y Europa, donde la adicción por desechar sus electrónicos no está en equilibrio con sus industrias de reciclaje.

Reciclar es caro y muchas veces no resulta un negocio viable, por lo que es preferible aprovechar la mano de obra barata de países con carencias para hacer las labores de separación y reventa de componentes valiosos, como el cobre, la plata y el oro, entre otros, que se encuentran dentro de los aparatos anticuados.

Para ser más específicos, las consecuencias de que naciones pobres y con sobrepoblación hagan las labores de reciclaje se presentan de distintas formas. Una de ellas es el uso de fuego para separar metales, lo cual produce humo altamente tóxico, además de sustancias como plomo, mercurio y cadmio, que terminan intoxicando a gran parte de la población.

Tan solo en Pakistán, la esperanza de vida en varias de sus ciudades se ha reducido hasta 10 años debido a la contaminación, la cual ha llenado de veneno el agua y el aire que consumen sus habitantes.

Pero la mayoría de estos lugares no tiene otra opción, como muchos otros imperios, la basura tecnológica ha matado a miles de habitantes en países necesitados, pero también les ha traído la garantía de trabajos y sueldos que no tendrían de otra forma. Muchos prefieren vivir 10 años menos consumiendo medicinas –que no curan sus enfermedades–, a cambio de un sueldo digno.

¿Hacia donde vamos?

Al menos en los últimos 10 años la innovación tecnológica ha dado pasos agigantados. Cada año vemos nuevos teléfonos, computadoras y tabletas con radicales avances que alimentan nuestra compulsión (pero también necesidad) de actualizar nuestros dispositivos.

Quizá uno de los más populares es el smartphone, el cual, en promedio, se renueva cada dos años. Y las empresas fabrican 1.4 billones de teléfonos al año.

Aunque parezca increíble, la producción de estos aparatos es una de las principales causas de contaminación atmosférica e, incluso, ocurre antes de llegar a nuestras manos, pues la mayoría de los teléfonos hace largos viajes por el mundo para ser creada. Desde la recolección de materiales, su ensamblaje y su distribución, los smartphones son transportados por enormes barcos de carga que, en total, producen la misma cantidad de polución que todos los autos en el mundo.

Y ¿por qué los desechamos tanto? Contrario a lo que se podría pensar, la innovación y el consumismo no juegan un papel tan importante como lo es la vida útil de las baterías de litio, las cuales apenas pueden retener sus cargas completas durante dos años de uso. Nuestros teléfonos están condenados a volverse inservibles por uno de sus componentes.

Muchas empresas, como Apple, han expuesto la voluntad de reciclar sus teléfonos, y otras han mostrado su interés en apoyar el desarrollo de baterías a base de grafeno, una sustancia compuesta de carbón puro que podría ofrecer baterías más eficientes.

Sin embargo, el problema fundamental de la basura electrónica es que la innovación tiene como uno de sus ejes centrales el promover su consumo. Y ese es un ciclo que cada uno de nosotros debe de romper o, al menos, cuidar.

Muchas empresas reciben aparatos y otros materiales tecnológicos para ser reciclados, incluso varios ayuntamientos lo hacen. Es importante que cada vez más personas se den cuenta del problema que significa la basura electrónica, solo de esa forma podremos combatir a un imperio que lentamente se ha ido apoderando de nuestras vidas.