Miércoles, 14 de Abril de 2021

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ESTILO Y VIDA

¿Por qué a mí?

Por: LN. Laura Sánchez Flores
Terapeuta especialista en cognición, lenguaje y biodescodificación
sanlauris@hotmail.com

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Esta pregunta la escuchamos una y otra vez, sobre todo si estamos rodeados de individuos que piensan que todo lo malo les pasa sólo a ellos y que no hay lugar para que cosas positivas ocurran en su vida. La respuesta dependerá de la persona, sí, en muchas ocasiones ponemos la atención en todo lo malo que nos ocurre, en la gente involucrada, en la suerte, en lo que los demás hicieron o no para que todo pase de esa precisa manera.

Quién no ha vivido pérdidas irreparables, ya sea de empleo, un familiar cercano, un amigo, el diagnóstico de una difícil enfermedad, un divorcio, el descubrir una infidelidad. Estas situaciones nos hacen perder el sentido de la existencia y nos dejan una sensación de vacío. Y aquí podemos entrar en una especie de pesimismo, en donde se cree que la vida es mala y nos pega donde más nos duele. Quitándonos la estabilidad y el enfoque.

Te invito a tomar una hoja blanca, dibuja un punto pequeño en el centro, ahora coloca la hoja a la altura de tus ojos, con tu brazo estirado, ¿qué ves? Supongo que tu respuesta será un punto dibujado dentro de una hoja. Si yo te dijera que ese punto representa todas las dificultades de la vida y el espacio en blanco, las posibilidades de éxitos y soluciones, sería interesante analizar por qué siempre vemos el punto negro y no el resto blanco.

Lo que se puede concluir es que depende de dónde se pone la atención será lo que podamos intensificar en nuestras vidas, y lo que nos llevará a repetir las mismas experiencias. El enfoque es lo que da un giro para cortar esas rachas de “mala suerte”, poner los sentidos en observar lo bueno que tenemos, día con día, hasta volverlo un hábito.

Hay cosas que suceden inevitablemente y en las cuales no se tiene el control, eso es una realidad, provocan dolor, sufrimiento, como una enfermedad, una muerte, pero depende de nuestra respuesta si se conserva ese patrón de pensamiento condicionado a sólo ver lo malo o si rescatamos lo positivo de todo.

Tienes dos opciones: elegir encarar cada vivencia de manera positiva o negativa, cuando por la mañana sale el sol, depende de nosotros pensar que va a ser un lindo día o que nos vamos a asar gracias al calor. No es posible esperar resultados diferentes si siempre se usa el mismo patrón de pensamiento. Es necesario salir de la zona de confort y cambiar las creencias.

Ahora, ¿qué hacer? Si estamos en ese bucle de pensamientos negativos, poniendo atención a lo malo que nos ocurre, recomiendo tres pasos a seguir, sencillos y de autoanálisis para dar el giro positivo y cambiar la frecuencia de sucesos en nuestra vida.

Primero, responsabilizarnos de nuestros actos, si bien hay cosas que no están bajo nuestro control, hay muchas que sí. Por ejemplo, planear las actividades semanales, teniendo flexibilidad durante el transcurso de los días; revisar nuestras fortalezas y debilidades para autoconocernos y evitar reaccionar de maneras inadecuadas. A veces las cosas salen mal y no es nuestra culpa, pero sí somos responsables de la respuesta que demos hacia esas situaciones.

Después, es importante llevar una vida equilibrada, sin excesos que generen situaciones extremas que se salgan más fácil de control. Y, por último, no nos enganchemos demasiado en los problemas, hay que analizarlos, tomar responsabilidad y resolverlos, pasar a lo que sigue, no queremos entrar en una posición de víctima, buscando culpables para sentirnos mejor.

Estos tres pasos no son sencillos de realizar, pero si los volvemos un hábito, podemos tomar las riendas de nuestra vida y dejar de caer en las mismas situaciones, cometiendo los mismos errores para luego quejarnos.

Dejar atrás los patrones de pesimismo será un crecimiento personal que proporcionará felicidad y paz a nuestra vida, al saber que los problemas no vienen en cadena hacia nosotros y que fácilmente le damos la vuelta a la “mala suerte”.

Un ejercicio práctico que se usa en terapia es revisar las creencias que nos limitan, identificar el momento en que nos las transmitieron, visualizarlo en blanco y negro, con todos sus detalles y escuchando los sonidos involucrados. Ya que tenemos la imagen y sus sonidos, bajarle el volumen a la imagen y hacerla pequeña, hasta desaparecerla. Así, cuando nos volvamos a preguntar ¿por qué a mí? Que sea por una cadena de éxitos.