INICIO | CÁTEDRA
CÁTEDRA

Minimalismo: vivir con menos

Por: Mariana Monserrat Ramos Turrubiartes
Auditora interna del SGC ISO 9001; emprendedora y jefa del departamento de idiomas de la Normal del Estado de SLP
marianart08@gmail.com

Share This:

A lo largo de la historia hemos demostrado nuestra capacidad de ajustarnos a las circunstancias que el destino nos presenta. Sin embargo, en medio de esta habilidad también hemos aprendido a normalizar el exceso: de objetos, de estímulos, de ruido visual y mental. Nos acostumbramos tanto a tener “demasiado” que olvidamos preguntarnos si necesitamos todo eso, tanto en lo material como en lo emocional. Hablar de minimalismo es hablar de una filosofía que abarca aspectos psicológicos, económicos, estéticos y ecológicos; es una forma de pensar, decidir y vivir.

El minimalismo consiste en vivir con menos. Se trata de una elección consciente en un mundo lleno de consumismo y hábitos de acumulación. No es sólo una decisión estética, sino una estrategia para recuperar claridad mental. Practicarlo se vuelve una herramienta para pensar mejor, sentir con más calma y actuar con mayor intención en la vida cotidiana.

Si quisiéramos expresarlo en porcentajes, podríamos usar como ejemplo nuestro clóset: muchas personas utilizan apenas el 20% de toda su ropa. Si somos capaces de sobrevivir sin el 80% restante, queda en evidencia el exceso. El minimalismo propone quedarnos con aquello que usamos, necesitamos o genuinamente valoramos. Además, sus raíces pueden encontrarse en corrientes como el budismo y el estoicismo, filosofías que promueven la simplicidad y el desapego, pues coinciden en algo esencial: la felicidad no depende de lo que poseemos, sino de nuestra relación con ello.

El desorden visual afecta los niveles de estrés y dificulta la concentración. Nuestro cerebro procesa los objetos dentro del campo visual: cada cosa fuera de lugar representa una pequeña carga cognitiva. Como consecuencia, pasamos nuestros días con una mente saturada e incapaz de enfocarse en actividades específicas, incluso perdiendo la capacidad de estar presentes.

Además, en un entorno que nos impulsa a comprar, muchas de estas acciones no nacen de la necesidad, sino de la emoción: compramos para aliviar el estrés, celebrar, llenar vacíos o proyectar una identidad. Seguramente estás pensando en todas las veces que compraste algo, te sentiste bien y después te preguntaste por qué lo compraste. Aunque esta corriente suele asociarse con deshacerse de cosas, esa idea es la punta del iceberg. Como señala el documental The Minimalists: Less is Now (2021): “True, removing the excess is an important part of the recipe. But it’s just one ingredient. If we’re concerned solely with the stuff, then we’re missing the larger point”. (“Es cierto que eliminar lo superfluo es una parte importante de la receta. Pero solo es un ingrediente. Si nos preocupamos únicamente por eso, nos estamos perdiendo lo esencial”).

Eliminar lo innecesario es básico, pero no es el objetivo. El verdadero propósito es crear espacio físico, mental y emocional para lo que importa. El minimalismo está conectado con prácticas como el mindfulness o la conciencia plena. Decidir qué conservar, qué comprar o qué dejar ir implica estar presentes, cuestionar nuestros hábitos y actuar con intención. No se trata de vaciar la vida, sino de llenarla de sentido.

Después de revisar estas ideas, podemos concluir que el minimalismo es decidir conscientemente qué sí merece un lugar en nuestra vida. Ya no se trata de cuánto tienes, sino de qué eliges conservar. No es una competencia por poseer menos, sino un proceso personal de claridad. En un mundo que todo el tiempo nos incita a hacer más, tener más y ser más, el minimalismo propone algo distinto: detenernos, observar y decidir qué elegir. Porque al final no se trata de vivir con lo mínimo posible, sino con lo suficiente.

Tal vez, en lugar de preguntarnos qué más podemos agregar a nuestra vida, deberíamos empezar a preguntarnos qué podemos soltar. Muchas veces al tener menos, logramos sentir más: más calma, más control, más satisfacción. Y puede que en ese espacio liberado realmente empiece la vida que queremos construir.