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La música como manifestación social

Por: MDE. Karen Lizbeth Ayala García
Abogada en el Departamento Jurídico Corporativo STRATEGA Consultores
karen.ayala@strategamagazine.com

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“Porque no nacimos donde no hay qué comer… No hay por qué preguntarnos cómo le vamos a hacer”.

Molotov

La música en los movimientos sociales ha sido un instrumento clave para expresar el sentir de la sociedad como inspiración y reflexión especialmente en momentos de crisis y lucha. Es crónica de una realidad: cuenta verdades incómodas que pocos pueden enfrentar. Ha sido el medio para denunciar desigualdades, corrupción, falta de oportunidades, injusticias, y exigir cambios políticos y sociales, siendo la voz de quienes no tienen espacio en los discursos oficiales y un retrato de la sociedad a modo de canto para la acción.

Históricamente, la música es parte de los aspectos primitivos y básicos de la cultura del mundo. Incluso ha sido equiparada al lenguaje como forma de comunicación humana. Por ello, no hay civilización sin música ni música que no hable de las personas, de la vida y de los lugares. Por tanto, la música y la política mantienen una relación estrecha.

Exponentes como Víctor Jara, Bob Dylan, Nina Simone, Bob Marley y Molotov, entre otros, hicieron de su música un mensaje político claro e inspiraron a generaciones a resistir y a actuar. Movimientos como el de los derechos civiles en Estados Unidos utilizaron canciones –“We shall overcrome”, por ejemplo– como forma de protesta y fuerza unificadora en marchas contra la segregación y la injusticia racial.

En Latinoamérica, frases como “El pueblo unido jamás será vencido” se convirtieron en banderas de resistencia frente a dictaduras y opresión. La canción “Masters of war”, de Bob Dylan, fue una crítica a la guerra y al poder militar; “A change is gonna come”, de Sam Cooke, se transformó en un símbolo de esperanza en la lucha racial; “They don’t care about us”, de Michael Jackson, se convirtió en un himno de resistencia, pues la letra manifiesta la frustración de sentirse señalado, juzgado y discriminado por el sistema.

Canciones que no pertenecen a un solo género ni a una sola generación: obras que hablan de crítica al gobierno, feminicidios, corrupción, opresión de las dictaduras, libertad, migración, separación familiar, incertidumbre, resistencia y esperanza. La música se convierte así en una forma de expresión y memoria colectiva.

También refleja la protesta desde diferentes referencias; en algunos casos de forma explícita; en otros en la metáfora o en la simple decisión de narrar la realidad. Ejemplo de ello son: “Ojalá”, de Silvio Rodríguez; “Patria y Vida”, de Yotuel y Gente de Zona; “Hijos de la libertad”, de Vetusta Morla; “Aguacero”, de Luis Enrique y C4 Trío; “Me fui”, de Reymar Perdomo; “Mucho gusto”, de Cancerbero; “Ni Chávez ni Maduro”, de Onechot; “Nada pasó”, de Panteón Rococo; “Resistencia”, de Los de Abajo; “Abuso de Autoridad”, de Three Souls in My Mind; “Antes de que nos olviden”, de Caifanes, y “Gimme tha power”, de Molotov, entre otras muchas.

La música y la letra no son sólo arte, son herramientas para crear conciencia, movilizar y generar cambios reales. Inspiran empatía, cuestionan el statu quo y mantienen viva la memoria histórica.

Algunas de las funciones de la música en movimientos sociales son crear sentido de colectividad y pertenencia; expresar demandas; inspirar a la movilización y resistencia pacífica o activa y generar conciencia pública que pueda promover cambios políticos y sociales.

En la Ciudad de México se realizan más de 150 conciertos al mes, de todos los géneros musicales, lo que crea un vehículo de expresión; y, a medida que los hechos cambian, los artistas siguen creando y las canciones continuarán contando lo que pasa.

Un claro ejemplo fue el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl, con la presentación del “Conejo Malo” (Bad Bunny). Aunque su música no es del agrado de muchos, en estos días de cambios e injusticias raciales y migratorias se convirtió en un ícono de resistencia en el que casi todo un continente se sintió identificado, creando un ambiente de lucha pacífica e identidad cultural.

La música nos une, nos inspira y nos da voz cuando las palabras no bastan.