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La política en el cine

Por: Esteban Cortés Sánchez
Compositor de música para cine y director de orquesta
https://linktr.ee/lecscorp

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“Todo cine es político o todo arte es político en el sentido (…) más puro; es un punto de vista, incluye una mirada del mundo por omisión o por discurso, por metalenguaje o por frases explícitas…”

Sebastián de Caro,

en el canal de YouTube Gelatina.

El arte es un retrato de la actualidad. Pintura, fotografía, música y, por supuesto, el cine, y, al igual que todos los anteriores, no sólo no está exento de ser usado para transmitir mensajes, sino que es el vehículo ideal. Uno de los ejemplos más claros es la cinta Triumph des Willens (El Triunfo de la voluntad, 1935), de la directora Leni Riefenstahl, la película de propaganda nazi por excelencia. Cuestionando un poco lo dicho por De Caro ¿es en realidad todo arte político?, ¿todo cine es político? En lo personal, creo que sí. No sólo aquellas cintas de denuncia como All the President’s men (1976), de Alan Pakula, protagonizada por Robert Redford y Dustin Hoffman, que nos cuenta el tan famoso caso de Watergate, o The Post (2017), con las actuaciones de Meryl Streep y Tom Hanks, que nos habla de cómo documentos del Pentágono salieron a la luz pública.

Pongamos dos ejemplos, ambos “para niños”: primero, Captain America (2011). ¿Qué es lo que vemos? Steve Rogers es un “supersoldado” en la Segunda Guerra Mundial, con eso la narrativa de “buenos y malos” sería lo suficientemente fácil de entender. Sin embargo, y como dice el dicho “la historia la escriben los vencedores”, no es posible hacer una apología de los crímenes cometidos por los nazis, pero tampoco se trata de un conflicto que se pueda resumir de manera tan simple, cuando se trató de una situación que abarcó territorios intercontinentales por razones geopolíticas que conectan la Primera y la Segunda Guerras Mundiales.

La pregunta se asoma en la mente de muchos de ustedes: “¿y qué? Es un personaje para niños”; niños que serán los adultos de mañana. Esa narrativa de “buenos y malos” o “ellos contra nosotros” es uno de los tantos puntos que tratan Ernesto Laclau y Chantal Mouffe en su Teoría del Discurso.

De nuestro lado de la cerca también hay de qué hablar y para muestra un botón: Batman Azteca (2025), una reinterpretación del conocido personaje que nos muestra una visión de “la conquista” de México que vuelve a contarnos la historia de “buenos y malos”.

El conflicto fue real, pero también el hecho de que sin la ayuda de los pueblos locales (sobre todo los tlaxcaltecas) jamás se hubiera podido derrocar al Imperio mexica. Esto podría quedarse en el territorio de lo “infantil” (por ser una película animada), de no ser porque el pasado y el actual gobierno de México han seguido –después de más de 500 años– perpetuando la narrativa de “ellos vs. nosotros”.

Sí, hubo episodios malos, por decir lo menos, pero debemos reconocer que, como dice el historiador Juan Miguel Zunzunegui, “somos hijos de dioses en ambos lados del océano”.

Este tipo de narrativas fue algo común en los años 80 y 90 por parte de la industria estadounidense, cuando películas como Rambo II (1985) y Comando (1985) nos mostraron a nuestros héroes de acción peleando contra despiadados enemigos sudamericanos y asiáticos. La cosa era sencilla, los americanos –mejor dicho, los estadounidenses– son buenos porque sí y salvarán al mundo sin importar nada… ni nadie. Es por esto mismo que pocas personas saben que en 1945 la guerra en Europa no la ganaron los gringos, sino los rusos.

No nos podemos ir sin mencionar el cine documental. En 2025 No Other Land ganó el Oscar y trata acerca de los desplazamientos forzosos en Cisjordania. Esta obra fue producto de la colaboración entre personas tanto israelíes (Yuval Abraham) como palestinos (Basel Adra y Hamdan Ballal).  En un giro que nadie vio venir, este último fue víctima de un ataque en la aldea de Susiya, por parte de colonos israelíes, a las pocas semanas de recibir el premio.

Valdría la pena recordar que la política somos todos, porque de alguna manera es la sociedad que se hace consciente de sí misma, y eso es lo que plasmamos en la pantalla… y viceversa.