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Petrodólares en jaque: el romance entre Riad y Pekín

Por: DA. Javier Rueda Castrillón
Analista económico en diferentes medios; autor de artículos sobre política y economía
jruedac@me.com

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Era un martes cualquiera de abril de 2023 cuando una factura de la gigante estatal saudí Aramco encendió alarmas en Wall Street. Sinopec, el coloso chino del petróleo, adquirió un millón de barriles de crudo ligero a 68 dólares por unidad, pero con un detalle que sacudió a los analistas de la Reserva Federal… el pago no sería en dólares, sino en yuanes. Esta operación inició una desvinculación silenciosa de un sistema que ha regido la economía global durante casi medio siglo. Bajo el sol del desierto de Rub’ al-Jali se escribió una nueva página en la historia del poder financiero: el petrodólar, ese pacto entre Washington y Riad ya no sería inviolable.

Para comprender la magnitud, hay que remontarse a 1974. Tras el colapso del patrón oro, Arabia Saudita acordó vender su petróleo en dólares a cambio de protección militar estadounidense. Ese pacto convirtió al dólar en la moneda de reserva global. Hoy, 88 % del comercio petrolero y 58 % de las reservas internacionales siguen denominados en dólares, los cuales funcionan como moneda e infraestructura geopolítica, proyectando poder global más allá de sus fronteras.

Mientras Washington daba por sentado el alineamiento saudí, Pekín se preparaba para un papel protagonista. Para el año 2000, China había triplicado sus importaciones de petróleo, convirtiéndose en el mayor consumidor mundial con 15.8 millones de barriles diarios, superando a EE.UU. y la Unión Europea juntos. El detalle crucial: 35 % de ese crudo provenía de Arabia Saudita. La dependencia mutua estaba clara, pero algo debía cambiar y estaba a punto de hacerlo.

China no se limita a comprar petróleo, también influencia. En 2023 invirtió más de 30 mil millones de dólares en refinerías, infraestructura digital y energías renovables en Arabia Saudita. Proyectos como la Zona Económica Rey Salman y el ferrocarril Medina-La Meca muestran su presencia estratégica. En lo monetario, el comercio bilateral en yuanes llegó a 120 mil millones en 2022, un aumento del 400 % en cinco años, y por primera vez las reservas saudíes incluyen yuanes, una declaración simbólica de intenciones.

¿Puede el yuan reemplazar al dólar en el petróleo? A corto plazo, no, pero no es imposible. Desde 2018, el contrato de futuros de petróleo en yuanes en Shanghái mueve más de 500 mil barriles diarios, y en 2023 representó el 8 % del volumen global fuera de EE.UU., superando a Dubái y Londres. China firmó acuerdos de canje con más de 40 países, incluyendo Arabia Saudita e Irán, y en 2023 el 25 % de su comercio exterior se realizó en yuanes, frente al 3 % de hace una década.

China impulsa el uso del yuan en el negocio del petróleo. Según el Bank for International Settlements (BIS), esto podría costarle al dólar hasta 1.2 billones anuales, afectando bonos del Tesoro, tasas de interés y el papel del dólar como activo seguro.

No todos en la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) seguirán, Emiratos Árabes ya ha anunciado su intención de mantener el dólar como moneda principal. Irán y Venezuela, sí, han adoptado el yuan, pero su influencia es marginal. El verdadero escenario decisivo será si Rusia, que factura el 60 % de sus exportaciones energéticas en monedas no dolarizadas, logra alinear a Arabia Saudita en una coalición antidólar.

¿Qué pasa si el petroyuán se consolida? No será el fin del dólar, pero sí el inicio de un sistema multipolar monetario. Imaginemos un mundo donde Europa factura gas ruso en euros, Asia Oriental negocia petróleo en yuanes y América Latina usa una mezcla de dólares, yuanes y criptoactivos respaldados por materias primas. El 50 % del comercio global en dólares, en lugar del 80 %, cambiaría la dinámica de poder. Los tipos de interés en EE.UU. subirían, el déficit comercial se volvería insostenible y el alcance de las sanciones económicas perdería efectividad.

Como analista de mercados energéticos y financieros les digo: es momento de diversificar no sólo en activos, sino también en monedas. Los bonos en yuanes, pese a riesgos de liquidez y controles de capital, se perfilan como componentes estratégicos de portafolios globales.

El romance entre Riad y Pekín no es pasión, ¡es cálculo! Es una señal para lograr el equilibrio del poder financiero global diversificado entre Washington, Londres, Frankfurt, Shanghái y los desiertos de Neom.

El petrodólar no ha caído, pero está en jaque… ¿mate?