Martes, 22 de Setiembre de 2020

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Liderazgo homoheterófilo

Por: DCH. Edgar Josué García López
Doctor en Ciencias y Humanidades, por la UNAM y la UAdeC; investigador de la UCEM y del GICOM
edgarjosuegl@hotmail.com

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En la cotidianidad de las organizaciones es indudable el papel fundamental que llevan a cabo los líderes para el cumplimiento de los objetivos. Aunque no es una garantía, los integrantes de un colectivo se sienten más seguros y dispuestos a desempeñarse mejor si cuentan con una figura que los guíe, los oriente y los respalde ante determinadas contingencias. Aun cuando la presencia del líder es permanente, su mayor virtud es la de pasar desapercibido en situaciones ordinarias, dejando a cada quien hacer lo que le toca, pero manteniéndose atento para motivar, dirigir, gestionar o producir junto a otros cuando sea necesario; esa confianza en su capacidad de respuesta es lo que le otorga su valor.

Existen diversas categorías y clasificaciones del liderazgo, todas aportan su parte para comprenderle en la práctica; sin embargo, en el ejercicio operativo de una organización, el tipo de líder del que se hablará en este artículo es indispensable para conducir procesos de cambio, innovación o mejora continua.

En la literatura fundamental de los estudios del comportamiento humano, aparecen los nombres de los sociólogos Georg Simmel, Robert Merton, Paul Lazarsfeld y Everett Rogers; sus trabajos aportaron, en distintas épocas, dos conceptos elementales para entender las formas de interacción humana, desde lo individual a lo colectivo y viceversa: homofilia y heterofilia.

Hemos de entender un grupo homófilo como aquel donde sus integrantes son similares en muchas de sus características, están reunidos porque comparten formas de pensamiento, creencias, principios, gustos o preferencias. Esta tendencia es natural en los seres humanos, pues se sienten más seguros o cómodos acercándose con quienes vislumbran como afines.

Compréndase entonces a un grupo heterófilo como aquellos individuos que se saben distintos en sus principales cualidades, pero se congregan porque comparten un fin común, una demanda o una necesidad, o bien entienden que en conjunto son más fuertes y proactivos que por separado.

Este es el momento de aclarar dos aspectos importantes sobre lo mencionado, primero, que aunque puedan utilizarse otros conceptos para exponer estas oposiciones, como homogéneos y heterogéneos, similares y distintos, cercanos y lejanos, por mencionar algunos, existen aspectos que a profundidad serían suficientes para descartarlos como calificativos; por ahora bastará con asumir que la clave radica en el concepto de las filias como simpatías, preferencias o inclinaciones, que pueden ser iguales o diferentes entre las personas, lo que eventualmente les llevaría a agruparse o no hacerlo, de manera permanente o temporal, con un comportamiento colectivo o con otro.

El segundo aspecto relevante es que en la práctica estos grupos no actúan por separado, no se mantienen aislados entre sí, sino que se complementan, se mezclan y conviven en el día a día, en ocasiones con bastante éxito, las posibilidades de interacción entre individuos y entre comunidades son infinitas.

Ambos tipos de comportamiento son tan comunes como necesarios y naturales en una organización, conllevan ventajas y desventajas, áreas de oportunidad que pueden ser aprovechadas sólo por quienes dominan el tema. Por ejemplo, debido a que comparten demasiadas cualidades, los integrantes de un grupo homófilo ven las cosas de una manera similar, lo que puede provocar que no existan suficientes alternativas de innovación o solución ante una crisis, es como si se les presentara una especie de ceguera ante una situación, debido a que todos tienen un panorama semejante enfrente. Por otro lado, un grupo heterófilo ve alternativas, cada quien observa un escenario distinto y presenta opciones de acción, no obstante, su diversidad y poca afinidad entorpece que se pongan de acuerdo sobre el camino a seguir, es como si presentaran dificultades de lenguaje, problemas de comunicación.

Este tejido de relaciones es lo que hace más complicado el ejercicio de un líder del cual se hablaba en un inicio, por ello es necesario pensar en un liderazgo homoheterófilo, es decir, en una persona que sea suficientemente similar al grupo como para ser empático y aceptado, pero bastante distinto como para ver espacios de innovación. Los líderes de este tipo requieren de una gran sensibilidad y conocimiento, pero también de otras habilidades y capacidades que sólo se pueden adquirir en la práctica y con formación constante, como una comunicación efectiva, relaciones públicas especializadas, cultura de investigación para la detección y resolución de problemas, negociación y mediación, entre otros.

Cinco puntos clave para comprender y practicar el liderazgo homoheterófilo:

Como conclusión, ante la pregunta persistente sobre si un líder nace o se hace, en el caso del liderazgo homoheterófilo es clara: forzosamente hay que formarse; claro que hay aspectos con los que se nace, lo que, en definitiva, ayuda, pero aun si estos no se tienen, siempre existe la posibilidad de aprender.