Miércoles, 13 de Diciembre de 2017
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Los “charcos de placer”

Por: Gabriela Vargas
Agencia Reforma / Primera asesora de imagen en México; especializada en superación en el trabajo, comunicación, imagen, autoestima y mujer.
@gaby_vargas

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¿Sabes lo que dice la ciencia acerca de cómo gastar ese dinero que tanto trabajo te cuesta ganar, de manera que te proporcione mayores réditos en términos de felicidad?

Imagina que es tu cumpleaños y de regalo te dan a elegir entre el nuevo iPhone 7 o un día libre para que te vayas de excursión al Nevado de Toluca, ¿qué preferirías?

Lo más probable es que tu mente te lleve a pensar que poseer algo que puedes ver, tocar, sentir y utilizar durante un largo tiempo sea la mejor opción, y que la felicidad de tenerlo te durará tanto como el objeto, ¿cierto?

El doctor Thomas Gilovich, profesor de psicología de la Cornell University, llegó a una poderosa y contundente conclusión después de 20 años de estudio: no gastes tu dinero en cosas.

La paradoja de las posesiones es que creemos que la felicidad que proporcionan durará tanto como el objeto, sin embargo, se esfuma de inmediato.

¿Alguna vez has experimentado la emoción de haberte comprado un reloj, una prenda de vestir o lo que sea, la cual una vez que estrenas y guardas el objeto se desvanece en la oscuridad del clóset o el cajón?

Gilovich nos da tres razones por las cuales sucede lo anterior:

  1. Nos acostumbramos a las nuevas posesiones. Lo que en un momento fue novedad y nos daba ilusión, rápidamente se vuelve algo cotidiano. "Compramos cosas para ser felices y lo logramos. Pero sólo por un rato. Las cosas nuevas nos dan ilusión, pero enseguida nos adaptamos", comenta Gilovich.
  2. Elevamos la barra de manera constante. Nuevas compras nos llevan a nuevas expectativas. Una vez que nos acostumbramos a la nueva posesión, buscamos otra aún mejor. Y es así como nos inscribimos en una carrera sin fin liderada por el ego.
  3. Por naturaleza tendemos a la comparación. Se aplica aquel viejo dicho de "el pasto siempre es más verde del otro lado de la barda". Compras un nuevo coche y estás feliz hasta que el vecino se compra uno mejor. Y si de algo podemos estar seguros es de que siempre habrá alguien con -lo que sea- mejor que lo tuyo.

La paradoja de las posesiones

Gilovich y otros investigadores, como la doctora Elizabeth Dunn de la University of British Columbia, llegaron a la conclusión de que las experiencias, tan pasajeras como son, nos proporcionan una felicidad mucho más duradera que las cosas materiales. Aquí algunas de las razones:

  1. La experiencia forma parte de nuestra identidad. Cuando te vas de este mundo ¿cuánto importa tu cuenta bancaria o la colección de relojes que tienes? En cambio, los viajes, los conciertos, los momentos entre amigos y familia, forman parte de ti, de tu identidad y te los llevas en el corazón. No cabe duda de que somos la suma de nuestras experiencias, no de nuestros objetos.

El iPhone7 no cambiará quién eres, ¿tú crees que a tu esencia le importa? En cambio, una excursión en la naturaleza, con toda la belleza que puede ofrecerte, formará parte de ti, de tu alma, por lo que es probable que sí lo haga. "Nuestras experiencias conforman una parte mucho mayor de nosotros que nuestras cosas materiales", afirma Gilovich.

Me gusta el nombre que la doctora Dunn le da a la felicidad que proviene de las cosas: "charcos de felicidad", porque nos emocionan un instante, pero se evaporan rápido y nos dejan deseando más.

Para finalizar, considera el valor que le darías a esos momentos de convivencia en la naturaleza ya sea en soledad o compartidos con un buen amigo o un hijo. Ese es el gran valor de los recuerdos.

Los "charcos de felicidad"

Si te dieran a elegir entre ganar un sueldo alto pero más bajo que el de tus compañeros o ganar un salario más bajo pero más alto que el de tus compañeros, ¿qué elegirías? Esta pregunta se le realizó a un grupo de personas como parte de un estudio que se llevó a cabo en Harvard; muchas de ellas no supieron qué contestar.

Sin embargo, cuando se les hizo la misma pregunta pero en relación con el número de días de asueto, la mayoría eligió tener un periodo más largo de vacaciones, aunque el del resto de sus compañeros fuera más corto.

Las experiencias están menos sujetas a las comparaciones que las cosas materiales. ¿Cómo cuantificas los momentos de gozo y convivencia que pasas en las vacaciones? No es tan sencillo. Es por eso que el psicólogo Thomas Gilovich nos da otra de las razones por las cuales es mejor invertir en experiencias que en posesiones: las comparamos menos.

¿Cómo y qué inviertes para tu felicidad?

La mayoría de las personas busca ser feliz. En esa búsqueda invertimos tiempo, dinero y energía. Es así que una vez que logramos cierta estabilidad económica, por lo general, compramos cosas: bolsas, libros, zapatos, relojes, juguetes, ropa, iPads, quizá hasta una casa. Y es así que en la primera noche que pasamos en la reciente adquisición nos sentamos en el sillón de la sala, sonreímos y exhalamos con orgullo.

Pero los días pasan y la costumbre también se instala en el nuevo hogar. La dicha se comienza a desvanecer y regresa la vieja sensación de que "no es suficiente y algo falta". Entonces, nos cuestionamos si seríamos más felices con un trabajo de mayor prestigio, con una casa más grande o un coche más lujoso.

Sucede que las cosas se convierten en una extensión de nosotros mismos, de la misma manera que el niño de dos años exclama "mío" cuando le quitan un juguete que él considera parte de su ser.

Las posesiones las usamos para mostrarnos a nosotros mismos y a los demás quiénes queremos ser y cómo deseamos ser vistos, por lo que nos hemos vuelto una sociedad centrada en los objetos más que en las personas.

Lo que resulta curioso es que diversos estudios confirman que el bienestar no aumenta proporcionalmente a las posesiones que acumulamos.

En la parte anterior de este artículo abordamos la primera razón por la que es mejor invertir en experiencias que en posesiones de acuerdo con el psicólogo e investigador Gilovich:

  1. La experiencia forma parte de nuestra identidad. Es decir, rápidamente nos acostumbramos al nuevo reloj o al nuevo celular que en su momento nos causó placer. A ese placer pasajero la doctora Elizabeth Dunn lo bautizó como "charcos de placer".

¿Cuáles son las otras razones?

  1. Las experiencias las comparamos menos, como acabamos de ver.
  2. La anticipación cuenta. Todos los planes previos a una aventura, un viaje o una fiesta nos llenan de emoción y de alegría. Mismas que volvemos a sentir cuando los recordamos días, meses o años después. En cambio, al anticiparnos a la compra de algún bien material lo que sentimos es impaciencia o angustia, las cuales olvidamos con el tiempo.
  3. Las experiencias son pasajeras (lo que es bueno). Cuando compras algo, también compras el remordimiento y la preocupación de cuidarlo, de que no te lo roben o maltraten. Incluso te das cuenta de que no te da la satisfacción que esperabas. Eso no sucede con las experiencias. Como sabemos que son cortas y pasajeras, las valoramos más en el momento y los recuerdos aumentan su valor con el tiempo.

Viajar, convivir, aventurarte a experimentar cosas nuevas es, sin duda, la mejor forma de invertir en tu felicidad.