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PANORAMA INTERNACIONAL

Marx en Wall Street: ¿el comunismo se volvió rentable?

Por: DA. Javier Rueda Castrillón
Analista económico en diferentes medios; autor de artículos sobre política y economía
jruedac@me.com

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En 1867, Karl Marx publicaba el primer tomo de El Capital, concebido como la “Biblia del proletariado”: una autopsia del sistema capitalista. Ciento cincuenta y ocho años después, en una torre de cristal frente al East River, un gestor de fondos en Nueva York lanza un ETF (Exchange Traded Fund) bautizado Solidarity Alpha Fund y cita a Marx en su pitch para justificar una estrategia de inversión que promete “capturar la plusvalía de la conciencia social”.

Marx nunca imaginó que su teoría de la explotación acabaría convertida en selling point. Hoy, los fondos de inversión ESG (Environmental, Social and Governance) administran más de 35 billones de dólares a nivel global y, en una ironía difícil de ignorar, muchos de ellos están gestionados por bancos cuyos beneficios anuales superan los 40 mil millones de dólares: la encarnación contemporánea de la acumulación de ganancia, ahora envuelta en un discurso ético y sostenible.

En 2023, BlackRock lanzó un fondo temático sobre “Justicia Económica” que incluye acciones de Amazon y Microsoft. ¿Amazon? La misma empresa que Marx, de estar vivo, tildaría como “la fábrica global de alienación digital”. Los resultados son evidentes, el fondo rindió un 12.7% anual, atraído por inversores que creen estar “cambiando el sistema desde dentro” mientras el sistema, desde fuera, les cobra una comisión del 0.85%. El anticapitalismo se ha convertido en un producto financiero más, con su propia curva de rendimiento, su volatilidad beta y su segmento lleno de millennials con conciencia y patrimonio.

El pensamiento de Marx ha sido vaciado de su rigor dialéctico mientras en TikTok hashtags como #MarxTok suman más de 800 millones de vistas, donde jóvenes explican la teoría del valor-trabajo y promocionan sus cuentas de Robinhood. En Wall Street, los analistas cuantitativos usan algoritmos basados en teorías de redes complejas, una descendencia indirecta, aunque no reconocida, del propio Marx, quien fue pionero en mapear las interdependencias del capital para optimizar carteras que maximizan el rendimiento sobre el capital propio. La crítica marxista a la “fetichización de la mercancía” ha sido reemplazada por la “fetichización del impacto”, donde lo que importa no es si se reduce la explotación, sino si el informe de sostenibilidad luce bien en el proxy statement.

Aquí radica la gran lección histórica que los marxistas ortodoxos se niegan a aceptar: el capitalismo no es un sistema rígido, sino altamente adaptable, sobrevive a las crisis y las incorpora… No sólo tolera la crítica, la mercantiliza. La caída del bloque soviético fue una demostración de que los sistemas de planificación central carecen de los mecanismos de retroalimentación que el mercado proporciona de forma espontánea. China, gobernada por un partido que se autodenomina “comunista”, opera con un 70% de su economía bajo lógicas de mercado, y sus multimillonarios tecnológicos son tan poderosos como los barones del petróleo estadounidenses del siglo XIX. El “socialismo con características chinas” es, en los hechos, capitalismo de Estado con branding ideológico.

Europa flirtea con regulaciones que asfixian la innovación y Estados Unidos debate si el capitalismo es “justo”; América Latina está experimentando un viraje liberal que pocos auguraban. En Chile, tras el rechazo a la propuesta constitucional colectivista, los votantes eligieron la estabilidad fiscal, la propiedad privada y la apertura al comercio.

En Perú, Colombia y Ecuador, movimientos ciudadanos exigen menos intervencionismo y más Estado de derecho. No se trata de una ola ideológica, sino de una reacción pragmática contra décadas de populismo que prometió redistribución… y entregó hiperinflación, fuga de capitales y estancamiento. Según el Índice de Libertad Económica 2025 del Fraser Institute, los países latinoamericanos que han avanzado en reformas liberales han visto un incremento promedio del 4.2% en inversión extranjera directa, frente a un estancamiento o caída en los que persisten en controles de precios y nacionalizaciones.

Marx creía que toda riqueza provenía del trabajo y que el capitalista la extraía mediante la explotación. Pero olvidó factores esenciales: el conocimiento, la innovación y la coordinación espontánea. Hoy, Wall Street no teme a Marx porque ha descubierto que lo único que no puede ser mercantilizado es la libertad misma… El comunismo no se volvió rentable, se volvió irrelevante.