

¿Cuántas veces has hecho algo que no querías hacer? Permítete sentir qué pasa en tu cuerpo al recordarlo, tanto la sensación física como la emoción, ¿es enojo? ¿Impotencia? ¿Tristeza? ¿Dónde percibo eso? ¿En el estómago, la garganta, la cabeza, los riñones? Ahora, pregúntate qué te hizo falta en ese momento para decir: no.
Si pensaste en la razón específica de cierta situación, quiero decirte que, aunque tenemos varios contextos, las raíces de por qué cuesta trabajo negarse o poner límites vienen de más atrás y te voy a mencionar algunas de las principales.
Pero, como siempre, no vengo a dejarte con un problema, sino que pinto también posibilidades de solución. Hay varias formas, pero lo más importante es hacer consciente quién en tu familia era así y qué heridas de la infancia tienes, para traerlo a tu consciente y romper con eso para hacerlo diferente. Si eres más autodidacta empieza leyendo libros sobre el tema, pero complementa con acompañamiento de algún tipo de terapia para acceder a la parte subconsciente.
Ensaya con cosas pequeñas, por ejemplo, decirle “no” al de la tienda cuando te pide redondear; luego ir avanzando a decirle que no a algún conocido sobre algo que no quieres, al principio quizá te cueste trabajo, así que inventa un pretexto y ya con más práctica podrás aclarar: “no se me antoja” o “prefiero descansar, pero muchas gracias por tomarme en cuenta”. Después pasa al siguiente nivel de complejidad que es poner límites a tus amigos más cercanos y compañeros del trabajo o jefes. Y al final a tu pareja y familia. No me refiero a evadir tus responsabilidades, sino a expresar lo que te parece injusto o no quieres hacer y sientes pesado o humillante.
Yo he practicado esto desde hace tiempo, pero específicamente en los dos últimos años que dejé de tomar alcohol lo he tenido que hacer con más firmeza porque la gente es muy insistente, pero tú puedes ser tajante con tu decisión y transmitirlo así, te dejaré algunas frases, por si te sirven. “No gracias, me estoy cuidando”, “no gracias, estoy practicando mi fuerza de voluntad”, “ya no insistas, te diré que no” y te ríes para hacerlo más ligero, pues no toda la gente acepta el “no” muy bien. Y la respuesta de las personas te ayudará a identificar quiénes son capaces de aceptar tus decisiones con madurez y quiénes no son tan buena compañía, así podrás alejarte de ciertos círculos.
Recuerda, ya eres un adulto y tienes la capacidad de elegir qué prefieres para ti, qué buscas cambiar, de quién te quieres rodear y qué futuro irás creando.









