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PANORAMA POLÍTICO

Violencia generalizada

Por: MAPPP. Samantha Aurora Acosta Cornu
Economista, maestra en Asuntos Políticos y Políticas Públicas, docente y doctorante
samantha.acosta@uaslp.mx

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Desde hace un buen tiempo vivimos olas de violencia en diversos espacios; no necesariamente hablamos de quitarles la vida a las personas. El término violencia engloba diferentes expresiones del ejercicio del poder.

No voy a detenerme a hablar de ningún caso particular, lo que quisiera es reflexionar sobre la forma en que la violencia se generaliza, se filtra, permea en todos los rincones y se reproduce, en muchas ocasiones, de manera inconsciente.

En diversas especies animales que se organizan y estructuran en sociedades, el reconocimiento de las diferencias lleva a establecer relaciones de poder y jerarquías; sin embargo, es lo común que quienes son más fuertes, hábiles o tienen mayores aptitudes para la supervivencia acojan y protejan a los miembros del grupo que no las poseen, ya sea mientras las desarrollan o como parte de su rol en la estructura.

Cuando hay necesidad de reforzar o clarificar las jerarquías, usualmente se recurre a la fuerza física para sentar el punto; eso es violento. Si no se llega a un contacto físico es probable que, al menos, se hagan manifestaciones de superioridad vocales, como gruñidos o gritos. Una vez entendida la situación, se vuelve al rol establecido.

En las sociedades humanas es muy parecido. Formamos grupos, nos identificamos, nos reconocemos como iguales y distintos a la vez; establecemos códigos comunes y un entendimiento sobre el mundo y cómo debería funcionar. Complejizamos nuestras jerarquías y establecemos sistemas a partir de los cuales evaluar las competencias y capacidades. Lo curioso en nuestro caso es que, una vez que hemos identificado esa “superioridad”, hacemos uso de ella a través de la violencia.

La forma de interactuar que implica reconocer que el otro tiene aptitudes menos ventajosas y buscar acrecentarlas, dominar los recursos y mantenerlos bajo el control del grupo o individuo dominante va más allá del mero instinto; es una decisión. Las decisiones que tomamos se convierten en instituciones, es decir, en normas no escritas de cómo debemos comportarnos.

La violencia, como parte de la demostración del poder, se ha institucionalizado en los diferentes niveles de las estructuras sociales, hay espacios en los que el poder y su ejercicio están autorizados, por ejemplo, en el gobierno, no por nada se dice que tiene el monopolio de la violencia. En ciertas familias o grupos se espera que haya una jerarquía y que se marquen las reglas que deben seguirse, a su vez, que se establezcan sistemas de correctivos.

Entonces, ¿esto justifica que se vean grandes olas de violencia? No, sin embargo, puede comprenderse que haya permeado tan profundo y se haya expandido a tal grado que se vea de manera general, ya sea en términos físicos, verbales, emocionales o psicológicos. Es una institución con la que convivimos y hemos aprendido a jugar, incluso a usarla de acuerdo con la conveniencia de cada grupo.

¿Cómo se combate la violencia generalizada? Parece muy complejo dado que implica hacer modificaciones profundas en términos históricos también, y esos procesos no pueden echarse atrás. De cierta forma nos proporciona una manera de existir, de comprender el mundo, ante ello lo integramos y lo replicamos.