Miércoles, 13 de Diciembre de 2017
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ECONOMÍA

Las grandes crisis y la distribución de la riqueza

Por: Lic. José Luis Gutiérrez
Asesor y consultor independiente.
josegutsa@gmail.com

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Antecedentes

John Maynard Keynes, economista británico considerado uno de los más influyentes del siglo XX, expuso en sus teorías que el libre mercado, con la ley de la oferta y la demanda como base principal, no era infalible.

La demostración de sus teorías vino justo después de grandes crisis: primero La Gran Depresión de 1929 y posteriormente La Segunda Guerra Mundial.

A raíz de estos acontecimientos, los gobiernos de la mayoría de los países del mundo que siguieron la teoría Keynesiana, decidieron centralizar muchas de las actividades económicas prioritarias y fue así como nacieron los bancos centrales, el Banco Mundial, el Banco Central Europeo e incluso el Fondo Monetario Internacional.

Keynes fue tachado de comunista por algunos de sus detractores, ya que precisamente ese sistema concentra el control de toda la actividad económica en el Estado. Sin embargo, no pretendía controlar todo sino sólo algunas de las actividades. Prueba de ello es que en su país Estados Unidos, el petróleo nunca pasó a manos del Estado, pero en otros países sí. Lo que mantuvo al gobierno fue la industria militar y armamentista y por consiguiente, la guerra de Vietnam y la de Corea fueron un gran negocio para ese país.

Gracias a la teoría Keynesiana y su centralización, los gobiernos tanto capitalistas como comunistas, concentraron una gran riqueza y ellos mismos se hicieron cargo de redistribuirla.

Milton Friedman profesor de economía de la Universidad de Chicago, contradice la teoría Keynesiana y afirma que el libre mercado es mucho más sano para la economía y que los gobiernos deben dedicarse solamente a regular las actividades. Es decir, ellos gobiernan, pero no son propietarios de nada.

Poco a poco, las teorías de Friedman denominadas neoliberales, fueron ganando terreno y han ido desplazando las teorías Keynesianas, incluso los organismos internacionales ya mencionados, decidieron adoptarlas como válidas.

Aprovechando las crisis

La aplicación del pensamiento Friedmanita no resultó sencilla, la gente ya se había acostumbrado al sistema anterior, donde el gobierno se ocupaba de la redistribución de la riqueza y privatizar actividades prioritarias de la economía puede resultar una medida poco popular.

Es justo ahí donde cobran relevancia las situaciones de crisis y no sólo me refiero a las guerras, también me refiero a las crisis de tipo económico o a las generadas por fenómenos naturales, tales como terremotos, tornados, tsunamis, entre otros.

Después de las crisis, llega el periodo de la reconstrucción en donde los organismos internacionales condicionan la ayuda económica a que se tomen una serie de medidas, como el fuerte recorte de los gastos gubernamentales y la adopción del libre mercado, privatizando muchas de las actividades prioritarias, con lo cual el gobierno podrá hacerse de los recursos necesarios para pagar la deuda, pero a su vez, da entrada a los grandes capitales que en teoría van a reactivar la economía y a generar muchos empleos. La idea suena bien y a Milton Friedman le procuró un Premio Nobel de la Paz, pero la realidad, resultó ser muy diferente, ya que la concentración de la riqueza, que antes conservaba el gobierno, ahora se fue a los bolsillos de las grandes empresas transnacionales, que lejos de ocuparse de redistribuirla sólo lograron que los ricos, sean más ricos y los pobres, sigan siendo pobres y aumenten en número.

Lamentablemente, la situación actual que priva en el mundo, en lugar de alejarnos de las crisis, nos acerca más a ellas.

Algunos ejemplos

Quién no recuerda la crisis económica que recientemente aquejó a Grecia y que casi provocaba la salida del país de la Comunidad Económica Europea, en la que los griegos trataron sin éxito de rebelarse a las medidas impuestas por los organismos internacionales.

Otro ejemplo importante, fue el tsunami que devastó Filipinas, este evento le permitió al gobierno de ese país lograr algo que llevaba muchos años intentando: sacar de las playas a los pescadores, para poder construir complejos turísticos, muy redituables pero en beneficio de unos cuantos.

La guerra de Irak, que se justificó ante el mundo porque supuestamente Sadam Hussein estaba fabricando armas químicas, mismas que nunca encontraron; la ayuda humanitaria enviada a los iraquíes por parte de diversos países, terminó en muchos casos en manos de grandes empresas que, si bien estaban colaborando con la reconstrucción, ni siquiera contrataban mano de obra local, porque ellos llevaban la suya.

La interminable crisis entre judíos y palestinos ha sido un éxito económico para Israel cuyas empresas de seguridad y de armamento, ambas de capital privado, son actualmente las más reconocidas a nivel mundial.

Todo el Medio Oriente es actualmente un caldo de cultivo para las crisis, gracias al terrorismo y al fanatismo religioso, abriendo más oportunidades para el neoliberalismo.

Finalmente, no se puede dejar de mencionar que en nuestro país, el mayor exponente del neoliberalismo que hemos tenido, Carlos Salinas de Gortari, privatizó nuevamente los bancos y la mayoría de ellos terminaron en manos de conglomerados bancarios extranjeros (Citibank, BBVA, Santander, Scotiabank, HSBC) y la empresa estatal Teléfonos de México pasó a manos de Carlos Slim, de ascendencia libanesa y hoy, uno de los hombres más ricos del mundo.

Tenemos a uno de los más ricos y a muchos de los más pobres.