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CIENCIA Y TECNOLOGÍA

La mina de oro invisible del spatial computing

Por: LI. José Eduardo Carrillo Castillo
Gerente de sistemas e informática STRATEGA Consultores
eduardo.carrillo@strategamagazine.com

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¿Recuerdas cuando escaneabas estatuas, edificios y esquinas para ganar monedas en Pokémon GO? Ese videojuego probablemente lo jugó tu hijo o incluso tú. Aquí está la verdad que nadie te contó: no estabas jugando, estabas trabajando gratis para entrenar la inteligencia artificial que ahora guía robots de delivery por las calles de Los Ángeles, Chicago y Helsinki. El dato contundente: Niantic, la empresa detrás del juego, acumula 30 mil millones de imágenes capturadas por usuarios. No por equipos profesionales, sino por los teléfonos de millones de personas que nunca leyeron los términos y condiciones. La pregunta incómoda no es si te explotaron, sino si te importa haberlo disfrutado.

El modelo es brillante en su simplicidad y perturbador en sus implicaciones. En 2016, Pokémon GO se convierte en fenómeno global. En 2020, introduce "Field Research": escanea un punto de interés real, gana recompensa. Para 2026, Niantic Spatial usa esas imágenes para entrenar su Visual Positioning System, un sistema de geolocalización de centímetros que funciona sin GPS. Su socio actual, Coco Robotics, opera mil robots de delivery en cuatro ciudades, los cuales usan estos escaneos para navegar banquetas, identificar edificios y entregar sin perderse. Es como si millones de personas hubieran construido, sin saberlo, el mapa que guía a las máquinas.

Esto no es nuevo. Es el modelo de negocio más antiguo del mundo digital aplicado al mundo físico: crowdsourcing disfrazado de producto. Cuando resolvías esos CAPTCHA que pedían identificar semáforos y autobuses, no sólo demostrabas que eras humano; estabas entrenando modelos de visión de Google. Cuando usabas Waze para evitar tráfico, alimentabas información que vale miles de millones. La ironía es que participamos voluntariamente. Nadie nos obligó a descargar Pokémon GO. Pero aquí está el punto crítico: los robots necesitan datos del mundo real, y los laboratorios no bastan. No pueden aprender sólo en simulaciones porque la luz cambia cada hora, un perro se cruza, una construcción bloquea la banqueta. Esa complejidad no se replica en laboratorio, pero 500 millones de jugadores sí la generaron, gratis y sin saberlo.

Hagamos un ejercicio simple de economía. Si Niantic contratara a fotógrafos profesionales para capturar 30 mil millones de imágenes geolocalizadas, le costaría miles de millones de dólares y décadas. En su lugar, le dio a la gente un juego. Les hizo sentir que ganaban algo mientras generaban el activo más valioso del siglo XXI: un mapa vivo del mundo físico. Es el modelo de negocio más elegante que he visto en dos décadas de consultoría: convertir a tus usuarios en tu fuerza laboral sin que lo sepan, pagándoles con dopamina en lugar de dinero.

Pero hay una dimensión que va más allá de Pokémon GO. Apple Vision Pro y Meta Quest están mapeando el interior de tu casa. Cada habitación, cada objeto, cada rincón queda registrado. La pregunta que pocos se hacen es: ¿quién posee tu espacio? Porque spatial computing no es sólo realidad aumentada (RA) ni realidad virtual (VR); es computación que entiende el espacio físico, y quien controla ese mapa controla la infraestructura del futuro.

Los datos del mundo físico son la nueva infraestructura crítica. Niantic tiene un mapa vivo actualizado en tiempo real por millones de usuarios. Eso no es sólo un activo empresarial; es poder geopolítico. Las potencias construyen su soberanía con datos. Mientras tanto, millones de personas en América Latina escanean edificios para capturar los Pokémon virtuales, sin saber que alimentan la infraestructura que definirá quién controla el espacio digital del siglo XXI.

Jugaste. Escaneaste. Te divertiste. Pero también estabas mapeando el mundo para máquinas que aún no existían, entrenando la IA que algún día navegará tu colonia. La próxima vez que alguien te diga "es sólo un juego", recuerda: Pokémon GO no era un juego. Era el mayor proyecto de crowdsourcing de datos espaciales en la historia. Y tú fuiste uno de los trabajadores voluntarios. La verdadera pregunta no es si te explotaron, sino si entiendes que, en la economía del siglo XXI, cuando el producto es gratis, el producto eres tú. O, mejor dicho: tu espacio.