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ESTILO Y VIDA

Cómo afecta la herida de rechazo en tu vida

Por: LAE. Lili Torres
Administradora de empresas, descodificadora biointegrativa y consteladora familiar.
lilianatdl@gmail.com

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Sí, tú, yo y básicamente todos los humanos tenemos, aunque sea un poco, la herida de rechazo. Te platico: hay cinco heridas de la infancia que todos podemos padecer en mayor o menor grado, pero existen una o dos que predominan, según lo que vivimos en los primeros años de vida.

Vamos a hablar de la herida de rechazo, la cual pudo generarse incluso antes de que nacieras –cuando estabas en el vientre de tu madre– o unos meses después de tu nacimiento. Hay muchas variables que pudieron causarla; sin embargo, hoy en día ya eres adulto –para que no vayas a culpar a tu mamá–. Te corresponde hacerte cargo de tu vida y trabajar en tu interior para cambiar las cosas.

Ahora bien, aunque la causa es la aversión de la mamá hacia el feto o el bebé ya nacido, no siempre es consciente. Por ejemplo, cuando tiene miedo de anunciar su embarazo porque no está casada; ser muy joven y temer ser regañada o desheredada; sentir estrés de no contar con los recursos económicos o el apoyo del papá; considerar que va contra su religión; haber vivido un caso cercano de muerte en el parto y percibirlo como peligroso, o incluso enfrentar una amenaza de aborto, a pesar de que desee tener al bebé, entre muchas otras situaciones.

Por otro lado, hay momentos donde la madre está consciente de esta aversión, como cuando dice “quiero abortar”, “yo no quería embarazarme, pero ya qué”, “fue un error”, “fue el pilón”, “no fue planeado” o casos más graves: cuando el embarazo fue producto de abuso o incesto. Una vez nacido, puede ser el mismo miedo de cómo cuidarlo o el estrés de que es algo nuevo y no sabe si será capaz de hacerlo bien.

Pueden existir muchísimas razones, pero lo que importa es cómo el bebé lo percibió: una amenaza a su existencia o un rechazo de su progenitora. A partir de ahí empieza a desarrollar en su psique y en su cuerpo mecanismos para sobrevivir, los cuales se refuerzan cada vez que se presenta una situación en la que siente rechazo o amenaza.

Físicamente, si es la herida principal, el cuerpo puede mantenerse muy delgado, para que “no lo noten”. También puede sentir incomodidad con el contacto físico o bloqueos en ojos, nariz y oídos.

En cuanto a la máscara que desarrolla en su personalidad, es disociarse mucho, pues es más “seguro y cómodo” estar en su imaginación o en su espiritualidad que en el mundo real; a veces, se presentan tendencias a la autolesión, temor al rechazo de la gente si se muestra tal cual es, ya que no se siente bienvenido en ningún lugar, como si el mundo fuera un peligro constante a su existencia. Por ello, estas personas prefieren ser reservadas y aislarse, antes de que alguien las rechace “de nuevo”. Existe mucho desapego hacia las parejas y las amistades, debido a no se les facilita generar vínculos.

Sin embargo, como lo mencioné antes, ya eres adulto y, una vez que creas conciencia de en qué medida tienes esta herida, te toca hacerte cargo. Una buena manera de iniciar este proceso es aceptar cómo fue tu infancia, entender por qué eres como eres, cuál podría ser la máscara que presentas ante el mundo. Con toda esta información, serás capaz de integrar tus heridas y modificar tu forma de ver la vida poco a poco, permitiéndote recibir cariño, soltando lo que no te sirva y tomando lo que sí. Esta herida también puede impulsarte a desarrollar independencia, creatividad, inteligencia, capacidad para resolver problemas y empatía por los demás.

Así que tú decides si quieres trabajar en tu herida para que deje de afectarte y transformar tu perspectiva, o seguir igual.