Viernes, 30 de Octubre de 2020

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PANORAMA INTERNACIONAL

Los bloques económicos en el siglo XXI

Por: MHA. Carlos Tapia Alvarado
Historiador egresado de la UNAM y maestro en Historia del Arte, por la EESCIHA
@tapiawho

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En la vida económica del mundo, todos los aspectos que competen a dicha área se pueden comprender en tres campos fundamentales: el de la producción, el de la distribución y el del consumo de bienes. Observe, amigo lector, que decimos en primer lugar “producción” y no “consumo” porque, desde que el ser humano aprendió a vivir de las modificaciones a la naturaleza es lo primero que hace, en tanto que nuestros congéneres del paleolítico, así como los otros seres vivos de este planeta, primero consumían (y consumen) porque estaban (y están) subsumidos por el medio ambiente. El ser humano no. Creó la cultura y con ella la economía para regir todos sus procesos productivos.

El hombre fue modificando la naturaleza a partir de su esfuerzo físico, pero, hacia finales del siglo XVIII, creó la máquina, que permite reemplazarlo, al mismo tiempo que lo transfigura, la tierra ya es trabajada por menos personas, y gran parte del esfuerzo físico, abaratado por los vaivenes de los ciclos demográficos, servirá, “especializado”, para operar máquinas. ¿Qué permitieron? La transformación final del capitalismo. ¿En qué consiste? Los detentores del poder económico saben que sólo se puede construir a partir de producir en serie e ininterrumpidamente, no por producir y satisfacer las necesidades humanas, a las cuales ahora se les configura desde los ejes productivos que constituyen esos poderes económicos.

En el siglo XIX, la nación-estado, en su alianza habitual con los poderes económicos, con los cuales se amalgama, se convierte en la primera generadora de bloques económicos, que devinieron en alianza militares por mera necesidad; esos fueron los imperios coloniales. Hasta ahora, la idea habitual predominante sobre lo que fue el colonialismo, y más el imperialista, es que las naciones poderosas controlan a sus colonias para explotar sus recursos. Desde luego que es cierto, pero el objetivo fundamental de los estados nacionales devenidos en potencias militares y colonialistas fue la explotación de recursos, pero, sobre todo, fue tener mercados cautivos donde pudieran “colocar”, vender las cosas manufacturadas que salían de sus fábricas industriales hacia sus colonias. La joya del imperio británico fue la India, en primer lugar, por la enorme cantidad de gente que ahí había (y hay), potencial consumidora de los productos industriales ingleses. Esos grandes bloques, después de dos guerras mundiales, desaparecieron. Su lugar será ocupado por otro tipo de formaciones de pretensión global que tienen como objetivo racionalizar la vida económica de un mundo seccionado regionalmente, lo cual quiere decir que las naciones que pertenecen a una determinada área del mundo deben establecer complejas relaciones que les permitan borrar barreras arancelarias, crear formas privilegiadas de trato económico entre socios y actuar como bloque contra otros bloques económicos. ¿Por qué “contra”? Porque de lo que se habla es de relaciones comerciales: compra-venta de bienes de consumo y servicios. ¿Funcionan estos bloques?

En primer lugar, tenemos que hablar del organismo rector y regulador del comercio mundial, la Organización Mundial del Comercio, surgida a partir de la famosa Ronda de Uruguay, en 1994, que pretende establecer reglas de juego “limpio” dentro de la competencia comercial internacional. Esto incluye establecer criterios y leyes antidumping, es decir, regulaciones que impidan que algunos gobiernos otorguen subsidios tramposos a productos agrícolas para hacerlos dominantes dentro de un mercado, o establecer leyes proteccionistas en detrimento de los competidores. Su origen proviene del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio, mejor conocido como GATT (por sus siglas en inglés: General Agreement on Tariffs and Trade), creado en 1947. En este 2020, podemos ver la línea de racionalidad que marca este desarrollo del capitalismo con el dominio estadounidense tras la derrota del Eje en 1946 (Plan Marshall), lo cual va desde lograr que en las rondas se establecieran acuerdos para hacer que las legislaciones particulares de cada nación participante orientara sus procesos de producción, distribución y consumo de bienes y servicios hacia el libre mercado, erosionando de manera rápida toda legislación que le adjudicara al estado intervención sobre cualquier aspecto de la economía. Hoy vemos bloques económicos de varios tipos, periféricos muchos, centrales algunos, y dependen de los grados de integración económica a los que se pretenda llegar. ¿Cuál es el papel de algunos de ellos en la actualidad?

Mercosur. El Mercado Común del Sur se conformó en 1991 y está integrado por las potencias económicas emergentes Argentina y Brasil, así como por Uruguay y Paraguay, en tanto que Bolivia espera ser aceptada y Venezuela, miembro desde 2013, fue suspendida en 2017. Tiene como fundamento una cláusula “democrática”: todos los miembros deben ser regidos por un gobierno democrático. Si esto no sucede así, como se ha considerado el caso de Maduro en Venezuela, el país es “suspendido”. ¿Para que ha servido? El flujo de negocios en la zona, así como el PIB per cápita, hacen de este bloque el cuarto más poderoso del planeta. Es interesante que el doble dínamo que Brasil-Argentina realizan en la región garantiza un equilibrio que permite que los procesos económicos del bloque no se vean interferidos por los avatares de la política, aun cuando la propia política está presente de manera patente como lo demuestra la suspensión de Venezuela.

Asean. La Asociación de Naciones del Sureste Asiático se formó en 1967, bajo los auspicios de los Estados Unidos. En un principio la conformaron Tailandia, Malasia, Singapur, Indonesia y Filipinas. Posteriormente se agregaron Vietnam, Burma, Brunéi, Camboya y Laos. Es una zona poderosa cuya sede se encuentra en Yakarta. Su posición estratégica le permite navegar airosamente entre los gigantes China, Japón, Rusia, Estados Unidos y la Unión Europea, así como con Latinoamérica. Dada la historia tan violenta de la región, los países integrantes incluyen protocolos de lucha contra el terrorismo, por ejemplo. Se relaciona con el más amorfo APEC (Asia-Pacific Area Cooperation), un consenso de países que comparten las aguas del Océano Pacífico y que de conjuntarse sería un monstruo económico. En la actualidad, cada uno de los miembros es una economía emergente de corte democrático.

UE. La Unión Europea constituye un caso de integración que gira en torno al liderazgo económico de Alemania y Francia, sin excluir a otras economías fuertes. La salida de Gran Bretaña (Brexit) implica un reto cuasi fundacional, ya que no sólo está conformado por países unidos económicamente, sino que existe la idea de una integración en una región donde el fantasma de los apocalípticos enfrentamientos bélicos del siglo pasado aún pesa, integración que tiene espíritu necesariamente futurista. El patente desequilibrio de economías, como lo representan los casos de Alemania y Grecia, pone en cuestión políticas sociales y de integración de inmigrantes en unos países envejecidos, demográficamente hablando. Tales programas dependen de los presupuestos marcados por los parlamentarios europeos. Si se generan disturbios dentro del bloque, los programas sociales se ven afectados, con el consabido incremento de la tensión social.

Hoy día, los bloques económicos están configurando a las naciones del planeta hacia realidades futuras supranacionales que modificarán las relaciones geopolíticas de maneras que serán sorprendentes para quienes las vivan.