INICIO | ESTILO Y VIDA
ESTILO Y VIDA

Cómo practicar el decir “no” y poner límites

Por: LAE. Lili Torres
Administradora de empresas, descodificadora biointegrativa y consteladora familiar.
lilianatdl@gmail.com

Share This:

¿Cuántas veces has hecho algo que no querías hacer? Permítete sentir qué pasa en tu cuerpo al recordarlo, tanto la sensación física como la emoción, ¿es enojo? ¿Impotencia? ¿Tristeza? ¿Dónde percibo eso? ¿En el estómago, la garganta, la cabeza, los riñones? Ahora, pregúntate qué te hizo falta en ese momento para decir: no.

Si pensaste en la razón específica de cierta situación, quiero decirte que, aunque tenemos varios contextos, las raíces de por qué cuesta trabajo negarse o poner límites vienen de más atrás y te voy a mencionar algunas de las principales.

  1. Heridas de infancia. Puede sobresalir la del rechazo o humillación, ya que te ignoran o se burlan cuando das tu opinión, por lo tanto, el niño empieza a callar; así va creciendo, apagando su voz y permitiendo lo que le hagan, pues no se atreve a decir que no quiere o no le gusta. Entonces adopta la creencia de que para ser aceptado debe guardar silencio, que hablar puede atentar contra su integridad social y personal, y cuando menos se da cuenta llega a la adultez con esta convicción tan arraigada que uno no puede creer cómo puede permitir tanto una persona, pero esta es una de las razones más poderosas y tristes a la vez.

  1. Lealtad a tu linaje o repetición de algún ancestro. Un infante adopta de manera inconsciente patrones de su familia para pertenecer. Por ejemplo, en México algunas niñas adoptaron de sus mamás y abuelas el “calladita te ves más bonita” o algunos pequeños de sus papás o abuelos el “aguántese, cabrón”. O si tuvieron familiares sometidos, repiten lo mismo de manera automática porque hacerlo diferente sería decepcionarlos o no tienen de dónde tomar la fuerza para expresar lo que quieren y poner límites.

Pero, como siempre, no vengo a dejarte con un problema, sino que pinto también posibilidades de solución. Hay varias formas, pero lo más importante es hacer consciente quién en tu familia era así y qué heridas de la infancia tienes, para traerlo a tu consciente y romper con eso para hacerlo diferente. Si eres más autodidacta empieza leyendo libros sobre el tema, pero complementa con acompañamiento de algún tipo de terapia para acceder a la parte subconsciente.

Ensaya con cosas pequeñas, por ejemplo, decirle “no” al de la tienda cuando te pide redondear; luego ir avanzando a decirle que no a algún conocido sobre algo que no quieres, al principio quizá te cueste trabajo, así que inventa un pretexto y ya con más práctica podrás aclarar: “no se me antoja” o “prefiero descansar, pero muchas gracias por tomarme en cuenta”. Después pasa al siguiente nivel de complejidad que es poner límites a tus amigos más cercanos y compañeros del trabajo o jefes. Y al final a tu pareja y familia. No me refiero a evadir tus responsabilidades, sino a expresar lo que te parece injusto o no quieres hacer y sientes pesado o humillante.

Yo he practicado esto desde hace tiempo, pero específicamente en los dos últimos años que dejé de tomar alcohol lo he tenido que hacer con más firmeza porque la gente es muy insistente, pero tú puedes ser tajante con tu decisión y transmitirlo así, te dejaré algunas frases, por si te sirven. “No gracias, me estoy cuidando”, “no gracias, estoy practicando mi fuerza de voluntad”, “ya no insistas, te diré que no” y te ríes para hacerlo más ligero, pues no toda la gente acepta el “no” muy bien. Y la respuesta de las personas te ayudará a identificar quiénes son capaces de aceptar tus decisiones con madurez y quiénes no son tan buena compañía, así podrás alejarte de ciertos círculos.

Recuerda, ya eres un adulto y tienes la capacidad de elegir qué prefieres para ti, qué buscas cambiar, de quién te quieres rodear y qué futuro irás creando.