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PANORAMA POLÍTICO

La luna: espacio político por conquistar

Por: MAPPP. Samantha Aurora Acosta Cornu
Economista, maestra en Asuntos Políticos y Políticas Públicas, docente y doctorante
samantha.acosta@uaslp.mx

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¿Desde hace cuánto la Luna es un territorio político? Desde que pensamos en ella como un destino al cual llegar. Esta carrera por demostrar quién tiene mejor tecnología, quién puede reproducir y transmitir mensajes claros desde allá, y quién podrá lograr pronto un nuevo alunizaje: todo esto es político.

 Al parecer no basta con reconocer y nombrar a la Luna como el satélite natural de la Tierra, hay que ponerle una figura jurídico-política. Hay que definirla. ¿Qué es? Es una cosa, es un territorio, es susceptible de soberanía, ¿es susceptible de conquistarse? Son preguntas que, como seres humanos, hemos tenido que responder de 1900 a 1950 y en adelante, debido a que se desarrolló tecnología suficiente como para poder viajar a la Luna, conocer la zona; asimismo, hay misiones programadas para Marte, para Júpiter, para Plutón, así como una serie de exploraciones en el universo y extender, digamos, no sólo nuestro conocimiento sobre el cosmos en el cual estamos inmersos, sino también nuestro poderío y nuestra figura política.

Aunque hay tratados y normas internacionales que establecen que la Luna es territorio común de todas las naciones, ¿qué pasaría si eso desapareciera por algún arranque de esos que les dan a los “líderes”? Si las leyes internacionales que ahora nos rigen –que conocemos y desconocemos, pero existen–, se disolvieran, ¿quién conquistaría la Luna? ¿China, Estados Unidos, Rusia o Rusia con China? La Luna podría ser una región desde la cual se atacara la Tierra o ciertos países que entren en guerra con quien sea que haya “conquistado” la Luna.

Si eso pasara, pensando en la Luna como un bien común, cuyo uso no obstaculiza el aprovechamiento de otros, ¿qué pasaría si algún país la reclamara? ¿Tendríamos que pagar cuotas por el efecto que tiene la Luna sobre las mareas y otros eventos naturales a los que estamos vinculados? Estas preguntas pueden parecer ridículas, sin embargo, sólo lo son porque hay documentos que discuten el estatus jurídico-político de la Luna y, de momento, acuerdan que ninguna nación puede convertirla en una extensión territorial suya.

Entonces, eso ya estaba en la discusión y ahora con esta nueva carrera por retomar las misiones espaciales lunares, el lanzamiento de Artemis y otros proyectos conviene no obviar ninguna inquietud al respecto. Y esto es increíblemente relevante en un periodo del ámbito internacional, en el cual varias naciones se encuentran confrontándose entre sí. Se habla de territorio, de derechos, de soberanía de los países; por otro lado, estamos viendo un camino claro para expandirnos más allá de la Tierra. En primer lugar, estableciendo la posesión de la Luna, nuestro satélite natural, después, explorando otros planetas, ¿con qué fines?

No se trata sólo de desarrollo científico y tecnológico por el mero hecho del conocimiento. Se trata de demostrar supremacía tecnológica, científica y armamentista, en términos de poder. Porque quien conquista el espacio conquista el mundo. Quien tiene la mejor tecnología, los alcances y los recursos para usarlos es quien domina el discurso, establece el camino y la ruta a seguir con respecto al desarrollo futuro para todos.

Seguramente en los próximos años estaremos experimentando una rápida expansión tecnológica, un aumento de financiamiento para proyectos de exploración espacial y quién sabe si retomaremos las discusiones sobre el estatus de los cuerpos celestes (no sólo la Luna) con respecto de la división geopolítica terrícola actual.