Lunes, 13 de Julio de 2020

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PANORAMA INTERNACIONAL

La economía africana

Por: MAF. Javier Rueda Castrillón
Analista económico. Investigación y Cátedra. Apple Distinguished Educators
@ruedac

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Waka waka, yeah yeah! Se confirmaba el Mundial FIFA y África se abría al mundo con más expectativas que nunca, el Apartheid y Nelson Mandela ocupaban portadas de supuesta modernidad y el mundo ponía especial atención al continente más caliente del planeta.

Entraba en una aparente nueva dinámica económica, su exclusión de la globalización es un cliché que ya no tiene ninguna base, su participación en el comercio mundial todavía tiene dificultades para superar el 5%, pero representa una fuente inagotable de materia prima. Abastecer a manos llenas economías urgidas de commodities es el nuevo atractivo, una prostitución territorial obligada ante la escasez de igualdad. Asia consuma la operación, interesada en materia prima, la industrialización llega de manos chinas enseñando lo que pudo ser: producción masiva en tiempo récord para seguir los dictámenes de una globalización que no perdona. La creciente implicación de los países emergentes en el comercio africano es un elemento que cambia las reglas del juego, los bienes de capital a bajo precio no tienen competencia, mientras Europa sigue siendo el gran sueño. La migración desafía fronteras cada vez más lejanas, el Brexit se convirtió en un duro portazo para miles de sueños por cumplir...

África debe evolucionar hacia la manufactura, aproximadamente 80% de sus exportaciones son primarias (agricultura, silvicultura, minería, petróleo), los productos manufacturados y de alta tecnología siguen siendo residuales. La especialización que conduce a la acumulación de capital es un tema aspiracional ante la necesidad de consolidar una estructura de comercio exterior mucho más equilibrada, ¿dije equilibrada? Perdón, la palabra correcta es justa.

La posibilidad de mejorar la patética y endeble administración que viven la gran parte de países africanos resulta ser la llave para un mejor futuro, lo “poco” que se gana se administra mal en un círculo vicioso complicado de resolver. El sector minero a menudo representa dos tercios de las ganancias en divisas, explotación consumada para obtener el preciado oro en Malí o el uranio nigeriano, que resumen situaciones de inequidad y abuso: ganancias del uranio mal usadas, con efectos negativos sobre la agricultura y la ganadería y una renta del oro que, cuando pasa por el inevitable canal público, podría ser un factor de diversificación.

La manufactura demanda especializaciones cada vez más funcionales, la falta de capacidad requiere inversión educativa para la integración efectiva a la cadena de valor global, complejo tema y de dimensiones cada vez mayores ante la fluidez propia de las nuevas tecnologías y la disminución en los costos del transporte. La limitación del posicionamiento económico reside en la inminente necesidad de tener una masa crítica de recurso humano y tecnológico que pocos países poseen, el futuro no perdona y la brecha es cada vez más grande, obligando a un éxodo constante.

El comercio internacional podría estimular el crecimiento del continente, es notorio que el mundo no da para tanto, en medio de la alta elasticidad de los ingresos africanos y de sus importaciones, hace poco viable una mejora sostenible. La calidad del diálogo político hacia un panorama condescendiente se anula al ver los radicalismos políticos por los que atraviesa el mundo, una polarización para un “sálvese quién pueda” egoísta y tirano, la “desprotección” ha dado lugar a nuevas decepciones con reformas traducidas en desastres.

Y África seguirá viva, prostituida y mal pagada, llena de temblores sociales y disparidad, entre dictaduras y falsas democracias, desiertos y selvas. Algún día la bestia despertará como lo hizo Egipto en aquel memorable 2011, la llama se extenderá a los pueblos del África subsahariana para arremeter contra corruptos y represores, buscarán un mundo más justo y solidario, una confrontación dramática que nunca deja un ganar-ganar, nunca…

Algún día sucederá, una economía que no se centra en el bien social es una economía dispar, por mucho que el waka waka, yeah yeah haga ver feliz a lo que desde hace mucho ya no tiene sonrisa.