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CIENCIA Y TECNOLOGÍA

Streamers y relaciones parasociales peligrosas

Por: LCC. Gabriel Moreno Rodríguez
Productor; académico en el ITESM; director de noticias; analista en temas de tecnología y CEO
@gabofanfare

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La pandemia afectó el consumo de entretenimiento, lo que generó distintos resultados en la economía global. Mientras los cines permanecían cerrados por las restricciones de distanciamiento social, otras plataformas crecían a pasos agigantados. Durante el primer año en el que el mundo se enfrentaba al COVID-19, Twitch (el gigante de Amazon especializado en transmisiones en vivo) aumentó de 3.9 millones a 9.3 millones de usuarios.

¿Qué hacen exactamente los streamers? Pueden ser influencers (Arigameplays, Rubius); deportistas (El Kun Agüero, Chicharito Hernández); gamers profesionales (Justin Wong, Duke Dennis); artistas (Terminal Montage, Jaiden Animations); músicos (Logic, DeadMau5); artesanos (Alexotos, Broxh_) e incluso personas que sólo interactúan con su comunidad (El Mariana, Kai Cenat). Todas estas personalidades tan diferentes llevan a cabo transmisiones en vivo de larga duración, donde comparten sus hobbies, experiencias, charlas y hasta consejos. A su vez, los espectadores pueden interactuar mediante un chat.

El modelo económico que sostiene plataformas como Twitch es el de anuncios comerciales que interrumpen la transmisión para mostrar publicidad a sus seguidores, los cuales pueden optar por evitarlos al pagar una suscripción –estos pagos se ven reflejados en ganancias para los streamers–.

Un punto interesante son los esquemas de monetización, uno de los mayores ejes recaudatorios se da mediante las llamadas “donaciones” que, como su nombre lo indica, son donativos económicos que la comunidad hace al streamer para recibir la oportunidad de hacer preguntas y comentarios.

El negocio parte de una primicia crucial: muchos de los streamers y sus plataformas han aprovechado el aislamiento que viven muchas personas (en especial adolescentes), ofreciendo un contenido interactivo, afín a sus gustos y compartiendo una infinidad de detalles privados de sus vidas para empatizar con sus comunidades. Es esta convivencia prolongada y sostenida lo que hace que se comiencen a experimentar relaciones parasociales con estos streamers.

Y las relaciones parasociales con personalidades del entretenimiento no son nada nuevo. Desde los tiempos en que la masificación de la cultura pop tomó fuerza en nuestra sociedad vimos a fans que juraban ser amigos (o hasta parejas) de cantantes, conductores de televisión y actores de cine; fenómeno que ha tenido desenlaces de todo tipo.

Hoy en día es común leer titulares de individuos que gastaron miles de dólares en donativos para su ídolo en Twitch, quedando en el camino en bancarrota. Y todo en medio de una euforia de búsqueda de reconocimiento y amistad con personas que sólo conocen a través de una pantalla.

El caso ha sido tan extremo que, en muchos países se ha prohibido el acceso a dicha plataforma a menores de edad o se cuenta con severas limitaciones en las opciones de ingreso de dinero. Sin embargo, por cada medida existen también streamers abusivos que buscan de forma activa exprimir económicamente a sus seguidores a cambio de condiciones absurdas; tal es el caso del Subathon, realizado por Kai Cenat en 2025, en el cual solicitaba cantidades absurdas de dinero a cambio de extender su transmisión unos pocos segundos más.

Hasta ahora, este ámbito de entretenimiento no ha sido abordado a profundidad por las autoridades, pero lo cierto es que es uno donde, como sociedad, debemos poner atención y sobre todo orientar y ayudar a aquellos que, buscando amistad o compañía, pueden terminar defraudados.