

En el mundo de la cosmología existe una enorme cantidad de información que se genera diariamente con la ayuda de más de mil observatorios en el planeta y una docena más orbitando en la atmósfera.
Sin embargo, el estudio del cosmos también nos ha enseñado que, por cada docena de artículos publicados en portales y revistas de divulgación científica, existen disertaciones, hipótesis y planteamientos usados por los medios tradicionales para reportar como veraces especulaciones que carecen de un estudio más detallado.
En meses recientes Internet y los medios de comunicación pusieron especial atención en un artículo divulgado en marzo por Lior Shamir, un científico en la Universidad Estatal de Kansas, en el periódico Noticias Mensuales de la Real Sociedad Astronómica (publicación prestigiosa con más de dos siglos en existencia).
En el estudio, Shamir hacía un interesante análisis. Examinando una muestra de galaxias lejanas observadas por el Telescopio Espacial James Webb (JWST, por sus siglas en inglés), el científico encontró que cerca de dos tercios de dichas galaxias estaban rotando en la misma dirección de las manecillas del reloj como la Vía Láctea, mientras que el resto lo hacía en trayectoria opuesta.
En la cosmología se tiene como una de sus bases el entendido de que, en una escala suficientemente grande, las propiedades del universo y su estructura suelen estar en las mismas direcciones. Así que normalmente se esperaría que la cantidad de galaxias rotando tanto en el sentido horario como al revés sea el mismo. El desbalance que el especialista detectó podría ser una señal de que vivimos en un universo que gira.
Dentro de las varias hipótesis que ofrece Shamir, una en la que pone especial énfasis es en que el universo podría encontrarse dentro de un agujero negro. ¿La razón? Los agujeros negros rotan de forma natural y, por lo tanto, podría ser la explicación de por qué el cosmos rota. Asimismo, esto afectaría en proporción al movimiento de las galaxias.
Esta conjetura podría tener implicaciones ligadas a otras, como la que plantea que dentro de cada agujero negro hay otro universo. Los estudiosos, que han analizado esta suposición desde hace años, ofrecen posibilidades que podrían coincidir con teorías como la de la relatividad de Einstein.
Pero ¿vivimos o no dentro de un agujero negro? La respuesta corta sería “puede ser”, sin embargo, muchos científicos han explicado que esta percepción podría deberse al registro del JWST de la propia rotación de la Vía Láctea, donde nos encontramos, y no del cosmos en general.
“De ser el caso, necesitamos recalibrar las mediciones del universo profundo”, concluyó Shamir. “La recalibración de las medidas de distancia también podrían explicar muchas otras preguntas sin resolver de la cosmología como las diferencias en la velocidad de expansión en varias partes del universo y por qué las galaxias más distantes parecen ser más viejas que el universo mismo”.









