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CIENCIA Y TECNOLOGÍA

La IA te quitó el trabajo sin decirte (y no es lo que piensas)

Por: LI. José Eduardo Carrillo Castillo
Gerente de sistemas e informática STRATEGA Consultores
eduardo.carrillo@strategamagazine.com

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La inteligencia artificial ya no es el futuro. Es el presente. Y mientras todos corren a aprender cómo usarla, casi nadie se cuestiona si sabemos cómo pensarla.

Las empresas invierten millones en herramientas de IA, sin embargo, escaso es el presupuesto destinado a formar mentes capaces de interactuar con ellas de forma crítica. Estamos enseñando a la gente a copiar y pegar respuestas, pero no a formular preguntas inteligentes. Y eso es un problema.

Cualquiera puede escribir un prompt y obtener un texto, un análisis o incluso un código. Pero ahí termina la magia para la mayoría. Porque cuando la IA responde algo, surgen las interrogantes de verdad: ¿eso que me dio sirve? ¿Es confiable? ¿Responde realmente a lo que necesitaba?

La IA es como un consultor rápido, pero con muy mala memoria. Si no sabes qué solicitarle, te va a contar chistes. Y si no aprendes a validar lo que te responde, podrías estar tomando decisiones basadas en información incompleta o sesgada. La verdadera habilidad no es saber usar la IA. Es tener claro qué hacer con lo que te da. Y eso requiere tres cosas que nadie está enseñando:

  1. Pensamiento crítico: para cuestionar las respuestas.
  2. Lectura profunda: para entender lo que realmente dice.
  3. Escritura clara: para formular preguntas que no sean ambiguas.

Estas competencias básicas se están perdiendo en la fiebre de la automatización. Y es una lástima, porque sin ellas toda la tecnología del mundo no nos va a servir de mucho. La capacitación en IA no puede seguir siendo un tutorial de cinco minutos sobre cómo usar una herramienta. Es necesario formar pensadores digitales que sepan:

  • Cómo validar información.
  • Cómo identificar sesgos.
  • Cómo construir conocimiento a partir de datos.
  • Cómo usar la IA como complemento, no como sustituto del pensamiento.

Porque al final del día, la IA no va a liderar tu empresa ni va a tomar decisiones estratégicas por ti. Eso sigue siendo tu trabajo. Lo que puede hacer es darte más información. Pero si no sabes qué hacer con esos datos, estás igual que antes o peor.

Hay una brecha creciente entre quienes usan IA como una calculadora más veloz y quienes la emplean como un amplificador de su inteligencia. La diferencia no está en la herramienta, sino en la mente que la maneja.

Mientras algunos se conforman con copiar textos, otros aprenden a formular mejores preguntas. En tanto unos confían ciegamente en los resultados, otros saben que deben contrastar, verificar y cuestionar. La superficialidad en el uso de la IA tiene consecuencias reales. Decisiones mal fundamentadas, estrategias basadas en información incompleta y soluciones que parecen brillantes, pero que carecen de profundidad.

Cuando delegamos el pensamiento crítico a una máquina, perdemos la capacidad de discernir. Y sin esa capacidad, nos volvemos vulnerables a la desinformación, al sesgo algorítmico y a la automatización de errores.

La IA puede responder casi cualquier cosa. Pero la calidad de la respuesta depende directamente de la pregunta. Aprender a formular buenas interrogaciones es una habilidad que se desarrolla. Requiere curiosidad, conocimiento previo y disposición para cuestionar. Y, sobre todo, requiere pensar antes de escribir.

La pregunta no es si vas a usar IA; es: ¿estás preparado para pensar con ella?